17 octubre 2007

Mártires

Dentro de unos días, la Iglesia va a beatificar a 498 mártires. No son “mártires de la guerra civil”, entre otras cosas porque muchos de ellos murieron en 1.934. Por eso en todos los documentos eclesiásticos se habla de “mártires españoles del siglo XX”.
Y, a tenor de la declaración al respecto emitida por la Conferencia Episcopal Española, van a ser beatificados no por ser de un determinado partido político (me parece que ninguno de los 498 militaba en ninguna opción política), ni por haber muerto en la guerra, o antes de la guerra, o después: “Los mártires están por encima de las trágicas circunstancias que los han llevado a la muerte”, dicen los obispos españoles.
Se les va a beatificar porque dieron su sangre y su vida por Jesucristo. Siguen diciendo los obispos: “Podemos destacar como rasgos comunes de estos nuevos mártires los siguientes: fueron hombres y mujeres de fe y oración, particularmente centrados en la Eucaristía y en la devoción a la Santísima Virgen; por ello, mientras les fue posible, incluso en el cautiverio, participaban en la Santa Misa, comulgaban e invocaban a María con el rezo del rosario; eran apóstoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condición de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el único Señor”. Esa, y no otra, es la razón de esta beatificación: eran cristianos que llevaron su fe hasta las últimas consecuencias, aun sabiendo que quizá con una simple palabra podían haberse salvado de la tortura o de la muerte. Fueron fieles al amor de Dios hasta el final, incluso perdonando a sus ejecutores.
Cualquiera que haya mostrado un mínimo interés en este asunto ha comprobado que detrás de cada una de estas 498 declaraciones de martirio hay un riguroso proceso repleto de pruebas documentales, de testimonios gráficos, de declaraciones de testigos e incluso a veces de los propios homicidas. Y son procesos que llevan tiempo, y en algunos casos mucho tiempo, siendo instruidos.
Quien quiera ver en esta beatificación una respuesta de la Iglesia a determinadas actitudes de determinados gobiernos está equivocado. El hecho es que la Iglesia los beatifica por ser santos, no por ser de derechas o de izquierdas o de centro, y estos procesos estaban ya comenzados cuando muchos no habíamos nacido.
Una de las cosas que más llama la atención leyendo los documentos eclesiales que hacen referencia a este tema es que, al igual que aquellos mártires, la Iglesia también perdona, y se centra en la figura y las virtudes del mártir, no en quienes hicieron aquellas barbaridades. Incluso reza por ellos.
Emilio Sanz

09 octubre 2007

Es razonable

Las cosas se pueden ver desde distintos puntos de vista. Es lógico que así sea, aunque sólo fuese porque, desde posiciones distintas hay perspectivas diferentes. Aceptar este principio tan básico es una muestra evidente de sentido común y de buena voluntad.
El Partido Socialista de Castilla La Mancha se ha cerrado en banda en que hay que tramitar, y ahora, una reforma parcial de la Ley Electoral porque hay dos provincias a las que considera infrarepresentadas. Sin pedir informe previo al Consejo Consultivo, sin intentar un acuerdo previo con el resto de las fuerzas parlamentarias, o sea, con el Partido Popular, ni con las extraparlamentarias (y hay partidos pequeños que tienen muchos votos y representan a mucha gente), el PSOE ha presentado una proposición de Ley para reformar, en el sentido expresado, la Ley Electoral de la Región.
Si esa proposición de Ley sigue adelante, será aprobada por mayoría absoluta en el Parlamento Regional. Todo legal, en el sentido más simple de la expresión.
Pero el Partido Popular se opone a que esa proposición de Ley siga adelante. Y se opone porque, primero, en la Resolución que el Parlamento Regional envió al Congreso de los Diputados, y que fue aprobada por unanimidad, se había establecido, insisto que por unanimidad, que para la reforma de la Ley Electoral se exija una mayoría de dos tercios, es decir, un nivel de consenso mucho mayor que la mera mayoría absoluta. Y eso fue aprobado por unanimidad, y lo fue porque es razonable que la Ley que regula gran parte de las reglas del juego sea consensuada por una mayoría muy cualificada, y no sólo por mayoría absoluta. Esa es la primera razón por la que el Partido Popular está pidiendo al PSOE que retire su proposición. Y no se ha quedado ahí el PP: ha presentado una propuesta para que se forme una comisión que estudie este asunto, y el PSOE la ha rechazado.
En segundo lugar, el PP está pidiendo que se explique por qué el PSOE quiere aumentar sólo el número de diputados en dos provincias, y por qué sólo en un diputado cada una. Es decir, está denunciando que puede haber criterios partidistas de cálculo electoral en la propuesta del PSOE. A cambio, el PP pide que, previo estudio de la comisión que se forme en el Parlamento, los criterios sean claros y automáticos como sucede en otras leyes electorales vigentes en nuestro país, de modo que el número de escaños correspondientes a una provincia no pueda depender de criterios de oportunismo, sino de criterios objetivos de aplicación inmediata y matemática.
A mí me parece que la postura del Partido Popular en esta materia es absolutamente razonable. Y tratándose de la Ley Electoral, creo que no debe ceder ni un ápice: mayoría de dos tercios, criterios objetivos y consenso.
Lo que no me parece razonable es lo que está haciendo el PSOE regional: se está contradiciendo con lo que firmó en la propuesta de reforma del Estatuto y se está negando a un consenso sobre las reglas del juego.
Eso no es razonable.
Emilio Sanz

02 octubre 2007

Ya lo limpiarán

Yo estaba haciendo sala de espera en una empresa que, entre otras cosas buenas, se caracteriza por una excelente atención a las personas, sean proveedores, clientes, o meras visitas. También estaba haciendo espera aquel señor: ni le había visto nunca ni creo que le vaya a volver a ver. Esto ocurría a varios cientos de kilómetros de mi casa, y ni sé quién era, ni me importa a los efectos de lo que quiero contar hoy.

El lugar destinado a espera estaba separado de la zona de trabajo por unas relucientes y limpísimas puertas de cristal que, junto con el resto de la decoración, hacían que allí se estuviera bien.

Yo no sé cuánto tiempo llevaría esperando aquel hombre, pero el caso es que, o debió de impacientarse, o simplemente quiso interesarse por cuánto le quedaba, y se levantó con toda normalidad y entró a la zona de trabajo, supongo que a preguntar. Lo que me hirió profundamente fue que no entró asiendo el asidero, ni agarrando el agarrador, ni tirando del tirador. El muy insolidario plantó toda la mano, la manaza diría yo, en mitad del cristal, dejando una enorme marca o huella feísima y estropeando la cosa bien hecha que suponía toda aquella limpieza.

No tengo por qué pensar que lo hizo a propósito. Es más, estoy seguro de que ni se dio cuenta y lo hizo con toda naturalidad. Tal vez es esto lo más triste del caso.
Me quedé perplejo, y sentí el impulso de levantare a limpiar con mi pañuelo la mancha en el cristal… pero no era plan. O sí lo era. Pero no lo hice.

Cuando me avisaron, hice la visita que había ido a hacer y me fui.
Al salir, vi que una empleada limpiaba con cristasol la puerta sucia.
Emilio Sanz

Barreda, sus convicciones, y la Ley Electoral

Aún resuenan por los altavoces de las Cortes Regionales unas palabras de José María Barreda en su discurso de investidura, pronunciado hace muy poco. Son las siguientes: “La democracia es también consideración a las minorías y respeto a todo el mundo. Por esta convicción política e intelectual, les aseguro, señoras y señores de la oposición, que la mayoría conseguida no va a suponer un cambio en mi voluntad por lograr acuerdos que puedan ser beneficiosos para la Región”.
Muy poco tiempo antes, apenas semanas, el propio José María Barreda había estampado su firma en el Proyecto de Reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla La Mancha. Este Proyecto no era un simple discurso: era el resultado de un importante consenso entre las fuerzas políticas de la Región. Ahí se decía, y se sigue diciendo, lo siguiente: “Artículo 25: La Ley Electoral de Castilla-La Mancha será aprobada por dos tercios de los Diputados en votación final sobre el conjunto del texto. Dicha ley, además de los elementos regulados en el presente Estatuto, determinará, entre otros aspectos, el régimen de plazos y el procedimiento de elección, así como la atribución de escaños por cada circunscripción electoral y las causas de inelegibilidad e incompatibilidad”. Nadie puede dudar de que, si el régimen de reforma de la Ley Electoral se estableció así en el proyecto de Estatuto, es porque es el sistema más beneficioso para la Región.
La convicción política e intelectual, pues, de Barreda, está en juego en este momento: firmó que es bueno para Castilla La Mancha que la Ley Electoral se apruebe por mayoría de dos tercios, es decir, por una mayoría que hoy él no tiene. Afirmó que la democracia es consideración a las minorías y recalcó su voluntad de llegar a acuerdos que puedan ser beneficiosos para la Región. Y, sin embargo, el Partido Socialista, que Barreda preside, pretende hoy reformar la Ley Electoral de Castilla La Mancha por el sistema ahora vigente, que no exige una mayoría tan cualificada y que, por mucho que sea el legalmente vigente, no es el mejor para la Región puesto que si fuera el mejor para la Región Barreda no habría aprobado ni firmado el Proyecto de Reforma del Estatuto.
Es la hora de comprobar si Barreda dijo la verdad en su investidura. De comprobar si realmente tiene voluntad de llegar a acuerdos con la oposición en materias que sean beneficiosas para la Región. Es la hora de los hechos. El Partido Socialista de Castilla La Mancha ha presentado un proyecto de reforma de la Ley Electoral sin consensuarlo con nadie y pretende aprobarlo por el sistema que él mismo rechazó meses antes al votar otro mejor, más representativo, más exigente, en el Proyecto de Estatuto.
Es, en fin, la hora de comprobar en cuánto valora José María Barreda, y con él los Diputados socialistas que le respaldan, las convicciones políticas e intelectuales que afirma tener.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 25 de septiembre de 2007

03 mayo 2007

Bono, Barreda y el lino

Allá por los comienzos de esta década, hubo un caso muy mediático que llenó cientos de páginas de periódicos: el llamado “caso del lino”. José Bono, entonces Presidente de Castilla La Mancha, y con él todos los que de algún modo ejercían por entonces de portavoces, bien del Gobierno regional, bien del Partido Socialista, se lanzaron contra Loyola de Palacio, Carlos Moro, Nicolás López de Coca y otras personas menos famosas. Airearon una denuncia por un delito cometido con las ayudas al cultivo del lino; les acusaron de ese delito; les llamaron de todo; les dijeron que se habían llevado ilícitamente mucho dinero; les pusieron de vuelta y media en todos los medios de comunicación.
He repasado las noticias de aquella época, que fue muy larga, y me he encontrado con que la inmensa mayoría de las noticias eran, no los hechos en sí mismos, sino lo que sobre los “acusados” decía Bono, y detrás Barreda, Emiliano García Page, José Manuel Caballero y Alejandro Alonso, entre otros. Entrevistas, ruedas de prensa, notas de departamentos de comunicación, declaraciones… Aquello fue un verdadero “caso”.
Hablando en abstracto, Bono y su gente proporcionaron mucho material a los medios de comunicación sobre el caso del lino. La sociedad estuvo informada, bien o mal, pero informada.
Hoy, ocho años después, la Audiencia Nacional no sólo ha absuelto a aquellas personas, sino que ha declarado que es “inaudito” (sic) que la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha prescindiera de datos que ella misma tenía en su poder, por lo que no debió nunca abrir esa vía penal. No sólo eso, sino que la Sentencia afirma que “no puede dejar de sorprender” el “punto de mira absolutamente obsesivo” de la Administración regional, que manejó sólo algunos datos y documentos, teniendo en su poder otros muchos que exculpaban a esas personas que hoy han sido declaradas inocentes.
Pues bien: con independencia de que, leída la Sentencia, todo esto huela a maniobra política de Bono contra el Partido Popular y varios de sus dirigentes de entonces, lo más llamativo, hablando en términos de derecho a la información, es el actual silencio de quienes en su día dieron tanto material a los medios de comunicación.
Además del derecho a conocer lo que dice la Sentencia, los ciudadanos tenemos el derecho a conocer lo que ahora piensan Bono, Barreda, Page, Caballero, Alonso y tantos otros. Pero nos están negando ese derecho: no hay ruedas de prensa, no hay declaraciones, no hay notas a los medios. Silencio. Silencio sobre un tema que se supone que era un auténtico bombazo informativo.En este régimen que Barreda heredó de Bono, la calidad de los derechos es bastante mejorable. La información oficial es como la propaganda barata: se oculta lo que puede perjudicar al Partido Socialista y se subrayan obviedades huecas. ¿Qué ha dicho Barreda? Que los castellanomanchegos somos ahora protagonistas y que somos capaces de conseguir todo lo que nos propongamos. Y olé.

17 abril 2007

Un paso a un lado

Me gustó escuchar a María Dolores de Cospedal, en el acto de presentación de las cabezas de lista a las elecciones autonómicas, unas palabras de homenaje a aquellas personas que, siendo candidatables, habían sabido dar “un paso a un lado” para dejar sitio a otras nuevas.
Hay momentos en la vida en que hay que atreverse a dar un paso al frente, y a veces cuesta. También hay momentos en que lo que procede es dar un paso atrás, y eso quizá puede costar más todavía, sobre todo si implica el reconocimiento de que aquel paso adelante estuvo mal dado.
Pero lo de dar un paso a un lado es verdaderamente interesante, especialmente en política.
Durante varios años, una de mis aficiones era irme a correr. Incluso intenté terminar algún maratón que otro, sin éxito: a lo más que llegué es a los entonces “Muy Heroicos Veinte Kilómetros de Valdepeñas”, cuya medalla acreditativa cuelga en mi despacho con cierto orgullo porque, al menos para mí, aquello fue una auténtica hazaña. Solía correr por los caminos de la Atalaya, una horilla o así. Pero, no sé por qué, una vez me metí en la pista de atletismo del Polideportivo Príncipe Juan Carlos, a dar unas vueltas. Iba yo tan normal, con mi trotecillo y, antes de completar una vuelta, de repente oí que detrás de mí alguien gritaba: “¡Pista!”. Miré para atrás y me encontré con que, a pocos metros, un chaval venía a bastante más velocidad. Comprendí que eso de “pista” quería decir que me apartase para no hacer perder unas décimas a un tío que tenía toda la pinta de correr bastante más y mejor que yo o, por lo menos en otro plan. Me aparté enseguida, dando un paso a un lado, y seguí corriendo, pero esta vez más atento a no estorbar a nadie. No dejé de correr, pero también dejé que cada cual fuera a su ritmo.
Entiendo que, para un político, dar un paso a un lado es algo parecido: dejar sitio a otros para que hagan lo mismo que tú estabas haciendo, sólo que de otra manera. Lo cual no implica que dejes de correr.
Ese pequeño, pero grande, homenaje de María Dolores de Cospedal a los políticos que han sabido dar un paso a un lado, es para pensar mucho. Si no vas a ser capaz de dar un paso a un lado, es mejor que no vayas a la pista y corras por el campo, a tu aire, en plan independiente. Si, por el contrario, quieres que esto siga adelante, si quieres que por la pista puedan correr todos, si quieres que quien puede ganar no pierda ni un segundo, si, en definitiva, no buscas sólo tu propio interés, tienes que saber dar un paso a un lado.
Al chaval que me gritó “pista” le reconocí, poco después, en una foto del periódico recibiendo una medalla. Y yo me sentí, en cierto modo, colaborador de aquel triunfo, aunque sólo fuera por no haber estorbado.
Hay momentos en la vida en que hay que dar un paso al frente, con valentía. Otros en que hay que dar marcha atrás, con más valentía todavía. Y hay ocasiones en las que hay que dar un paso a un lado, con valentía, con humildad, con realismo, con espíritu de equipo, con disciplina. Mi aplauso y mi admiración para los que son capaces de hacerlo.
No tardarán en ver el triunfo en el periódico.

27 marzo 2007

Quién te ha visto y quén te ve

Voy a transcribirles a continuación varios párrafos del Programa Electoral del Partido Socialista Obrero Español para las elecciones generales de 2.004, es decir, el programa cuyo compromiso está aún vigente:
“El terrorismo sigue siendo el único conflicto no resuelto de los que afectan a la convivencia de los españoles. Su presencia –vil y cruel- se mantiene viva en los atentados, chantajes y amenazas que, con mayor o menor frecuencia y mayor o menor gravedad, se siguen produciendo. Su presencia también se hace viva en los miles de víctimas que, con su testimonio de dolor y compromiso, recuerdan a diario a la sociedad que el terror carece de principios, que no persigue más objetivo que su propia supervivencia y que la paz y la libertad no se consiguen cediendo a sus amenazas".
“Nada ha dado ni dará mejores frutos para la erradicación definitiva del terrorismo que la combinación de la acción policial decidida y constante, la eficaz cooperación internacional, la movilización de los ciudadanos y la unidad de los demócratas”.
“Hay que comprometer todos los recursos morales y materiales en la lucha contra el terrorismo y en la reparación de sus efectos. Por todo ello, nos comprometemos al cumplimiento escrupuloso y estricto del Pacto de Estado Por la Libertad y Contra el Terrorismo suscrito entre el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Popular y el Gobierno de la Nación y, en especial, a renunciar a la utilización política del terrorismo; nos comprometemos a mantenerlo vivo y en vigor hasta la derrota total de ETA o su disolución efectiva”.
“Nos comprometemos a la observancia estricta de la Constitución y por tanto rechazamos cualquier negociación que implique el pago de un precio político democrático por el fin de la violencia”.
“Compareceremos en el Parlamento para informar a los Grupos Parlamentarios del estado de la lucha contra el terrorismo, con el fin de buscar estrategias comunes en la que también se incluyan iniciativas concretas para asegurar el derecho a la vida y a la libertad de expresión, manifestación y pensamiento de cuantos se sienten abstracta o concretamente amenazados”.
“Mantendremos el apoyo moral y material a las víctimas de la violencia terrorista”.
Es que me he enterado de que en mi ciudad, y en otras muchas, el Grupo Municipal Popular ha presentado una moción para reprochar al Gobierno de la Nación que haya concedido el segundo grado penitenciario al terrorista De Juana Chaos. Y resulta que el Grupo Municipal Socialista ha anunciado, en mi ciudad y en otras muchas, que no va a apoyar esa moción para no entrar a la provocación y a la crispación local, alegando además que a los ciudadanos lo que les importa es el tráfico.
Históricamente, los concejales socialistas han apoyado otras muchas mociones, han participado en muchos minutos de silencio y en decenas de concentraciones contra el terrorismo. ¿Qué ha cambiado? Habíamos quedado en que es muy eficaz contra el terrorismo “la movilización de los ciudadanos y la unidad de los demócratas”. Habíamos quedado en que el Pacto por las libertades y contra el terrorismo estaría vigente, “vivo y en vigor hasta la derrota total de ETA o su disolución efectiva”. Habíamos quedado en que “rechazamos cualquier negociación que implique el pago de un precio político democrático por el fin de la violencia”. Habíamos quedado en que apoyaríamos “iniciativas concretas para asegurar el derecho a la vida y a la libertad de expresión, manifestación y pensamiento de cuantos se sienten abstracta o concretamente amenazados” y en que mantendríamos “el apoyo moral y material a las víctimas de la violencia terrorista”.
¿Qué ha cambiado, para que ahora sólo nos preocupe el tráfico? ¿Es que tiene que darnos igual que a un terrorista le concedan, bajo presión, el segundo grado? ¿Es que tiene que darnos igual que un fiscal nombrado por el Gobierno retire una acusación contra un terrorista? Pues a mí no me da igual, y esas cosas me preocupan más que el tráfico. Afortunadamente, a los concejales del PP les pasa lo mismo. Y creo que los concejales del PSOE deberían votar esa moción, a favor o en contra, pero votar y explicar su postura.
Emilio Sanz

14 marzo 2007

13-M

A mí, como a todos los lectores, el 11-M de hizo mucho daño. Ver y oír el terror de aquellos atentados me dejó sin habla, sin fuerza y sin hambre. Sólo podía rezar: por los muertos, por sus familias, por los bomberos, por los médicos.
Luego, el comportamiento de la gente, la solidaridad, la serenidad, los voluntarios, la unidad, me devolvieron al orgullo por mi patria, a la esperanza, al coraje.
A los dos días me quedé frío. Jamás pensé que en una situación de crisis como aquélla, cuando todavía Madrid olía al humo de las bombas, y con unas elecciones al día siguiente, nadie fuese capaz de dejar de llorar para ponerse a insultar a alguien que no fuesen los asesinos. Empezaron los insultos al Gobierno y al PP, en la calle y en la radio. Ya estaba detenido algún que otro islamista radical, ya había comparecido el Ministro del Interior docenas de veces para dar información, la poca información de la que a esas alturas se podía disponer. De hecho, del atentado de la T4 de Barajas han pasado ya casi tres meses y sabemos menos de lo que el 13-M sabíamos de Atocha.
El hecho es que, en pleno duelo por los muertos y en plena jornada de reflexión electoral, aparece en la tele Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, a decir que España no se merece un gobierno que mienta. Desde una radio se anima a la gente a manifestarse. Y no a manifestarse ante el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno; ni a manifestarse frente al Ministerio del Interior, sede del Ministro; se envió a la gente a la sede del Partido Popular. Dato significativo éste: si quieres protestar contra un Ministro, lo normal es ir al Ministerio; o si quieres protestar contra un Gobierno, lo normal es ir a la sede correspondiente; pues no: se mandó a la gente a concentrarse ante la sede del Partido Popular, que a las pocas horas concurría a unas elecciones. Jornada de luto. Jornada de reflexión. Y hubo quien no tuvo el menor inconveniente en montar la bulla en la calle, en la radio, y en la tele.
Yo creería en la sinceridad y en la rectitud de aquellas manifestaciones si se hubieran producido en otra fecha, y ante el Gobierno. Pero no puedo dar carta de credibilidad a manifestaciones no convocadas legalmente, producidas en jornada de reflexión, y celebradas no ante el Gobierno sino ante la sede de un partido. Y no puedo creer en la supuesta espontaneidad de unas concentraciones llenas de carteles de imprenta, jaleadas por radio y televisión, y aplaudidas por la oposición.
Por eso hoy, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, pide confianza en el Gobierno y habla de respeto a las instituciones, me acuerdo de lo de los fariseos: “haced lo que yo digo, pero no hagáis lo que yo hago”.
Hoy Mariano Rajoy pide explicaciones en el Parlamento y convoca manifestaciones legales.
Pero cuando lo de Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, no había tiempo que perder: las elecciones eran al día siguiente.El 13-M también me hizo mucho daño.

06 marzo 2007

Carta a un amigo de izquierdas

Querido amigo: comparto contigo esa preocupación. El Gobierno al que apoyaste con tu voto está resultando más radical de la cuenta. A mi también me da vergüenza ajena cada vez que aparece José Blanco diciendo esas “irracionalidades”, como tú las llamas. La última fue de antología: decir que el PP comparte espacio con la extrema derecha es jugártela a que te digan a ti que compartes espacio con la extrema izquierda: con la izquierda abertzale y con la izquierda republicana.
Hay una cosa que os falta en la izquierda: igual que la derecha se ocupó de diluir a la extrema derecha, vosotros no os habéis ocupado de que se disuelva la extrema izquierda. Y eso no es bueno porque, como ya ha sucedido alguna vez, en un momento dado vuestros líderes pueden tener necesidad de su apoyo, con la consiguiente radicalización de las posturas, que nunca beneficia a nadie.
Efectivamente, comprendo que te sientas un poco engañado: aquel joven Zapatero elegante y suave ha resultado ser un tipo bastante extremo. Comenzó por imponer el matrimonio gay sin ninguna necesidad, instaurando esa “educación para la ciudadanía” que vete tú a saber, reabriendo heridas de la guerra civil, afrentando a nuestros amigos internacionales e inventándose esa nueva religión de la alianza de civilizaciones llena de palabras bonitas pero vacías, tan vacías que requieren una fe humana imposible.
Pero lo de ahora es más fuerte aún. Me ha hecho gracia tu expresión de “dónde están los socialistas de siempre”, los que arriesgaban lo que fuera con tal de protestar ante lo injusto. Pues mira: o están en un cargo aguantando mecha, o están esperando averiguar por qué Zapatero ganó aquel congreso. Los primeros están callados, es comprensible. Los segundos están deseando un fracaso electoral del PSOE porque ven que, en la actual situación, el único modo de aclarar las ideas es perder el poder: será entonces cuando, sin pesebres y sin remuneraciones agradecibles, la izquierda saque brillo a sus ideas: esas ideas que históricamente han servido de mucho a este país.
Yo tampoco entiendo la excarcelación de De Juana, ni los guiños a Otegi. Yo también echo de menos el consenso y me pregunto por qué de repente el PSOE prefiere pactar con minorías nacionalistas y radicales antes que con la alternativa natural que es el PP. Pactar con radicales supone provocar unos bandazos tremendos en la política nacional, y yo no sé si esta carrocería está ahora para muchos trotes. El centro existe: para encontrarlo basta con irse acercando al otro lado. Pero desde luego, yéndose hacia el extremo no hay centro posible.
Ya sé que sois muchas las personas de izquierdas que hoy sentís la gran decepción. Estoy de acuerdo contigo: España necesita una izquierda razonable, centrada, moderada. Pero, a ver quién le pone el cascabel al gato, con el poder que ha conseguido Zapatero y el control férreo que mantiene.
Quizá tengas razón: hay que perder las elecciones.
No voy a pedirte que votes al PP. Pero piénsate lo de abstenerse.
Un abrazo.

13 febrero 2007

La trampa de Guadalajara

Durante todo el proceso de elaboración del Proyecto de Ley de Reforma del Estatuto de Castilla La Mancha, el Partido Socialista ha querido dar a la ley electoral de Castilla La Mancha la importancia que se merece, exigiendo que sea aprobada por dos tercios de los Diputados en votación final sobre el conjunto del texto.
Es lógico que la ley electoral tenga ese tratamiento especial: no en vano es la norma reguladora de uno de los primeros derechos que tiene un ciudadano en una democracia, que es el derecho a elegir y a ser elegido, o sea, la materialización a la realidad de eso que da nombre al sistema denominado “gobierno del pueblo”.
Sendos partidos parlamentarios de Castilla La Mancha estuvieron de acuerdo en exigir esa mayoría cualificada para la aprobación o reforma de la ley electoral. Y los dos, PP y PSOE, votaron a favor.
Un Estatuto de Autonomía es, jurídicamente, una Ley Orgánica estatal. Es decir, debe ser aprobada por el Parlamento español. Pero, para tener entrada en las Cortes Generales un proyecto de reforma de un Estatuto, ese proyecto ha de ser aprobado por el correspondiente Parlamento regional. La situación actual es que las Cortes de Castilla La Mancha ya han aprobado el proyecto, y está pendiente su tramitación en la Carrera de San Jerónimo. De modo que, en este preciso momento, el nuevo Estatuto de Castilla La Mancha no está en vigor, pues le falta precisamente convertirse en Ley Orgánica.
Pero no es menos cierto que las Cortes de Castilla La Mancha ya se han pronunciado, en sesión pública y solemne, a favor de la nueva regulación. Dicho de otro modo, las Cortes Regionales ya han emitido una declaración de voluntad sobre todos y cada uno de los artículos del nuevo Estatuto de Castilla La Mancha. Además, en el ámbito político, tanto el PP como el PSOE regionales han manifestado su intención irrevocable de defender el nuevo Estatuto para que en Madrid no nos lo cambien.
Entonces, cabe plantearse por qué, si ya hay una declaración de las Cortes regionales exigiendo que la ley electoral sea aprobada por mayoría de dos tercios, viene ahora el señor Barreda, y con él todo el aparato del PSOE regional, planteando que quieren reformar el sistema electoral para darle a Guadalajara un diputado más, y quieren hacerlo mediante el sistema antiguo, o sea, el de mayoría simple, que les permitiría aprobar esa reforma en solitario, sin mayoría de dos tercios.
No sirve decir que es ahora cuando se ha conocido el número de habitantes de Guadalajara: la diferencia con el año pasado es bien poca.
Los socialistas están intentando pasar la patata caliente al PP, preguntándole si es que no merece su atención el pueblo de Guadalajara. Pero eso se lo tendrían que preguntar en el Parlamento, una vez llevada la propuesta de reforma. Primero es el PSOE quien tiene que justificar su propuesta, especialmente sus prisas. Y, desde luego, lo prioritario es saber si el PSOE está dispuesto a que la reforma se haga, como ellos mismos han aprobado ya, por mayoría de dos tercios, como la materia merece.
Si no lo hacen así, pesará sobre los socialistas la sospecha de la incoherencia interesada, del oportunismo y de la trampa. Ya se sabe: quien hizo la Ley… hizo una cosa que en el Diccionario de la Real Academia se define como “contravención disimulada a una ley, convenio o regla, o manera de eludirla, con miras al provecho propio”, y también como “ardid para burlar o perjudicar a alguien”.
Emilio Sanz