28 diciembre 2004

Desnudos

Desde el estreno de aquélla película en la que unos señores en paro decidían ganarse la vida desnudándose en público mediante precio, cada vez son más frecuentes las iniciativas que pretenden adoptar idéntico sistema para fines de todo tipo. Hace poco era un equipo de fútbol, cuyos jugadores llevaban meses sin cobrar. Antes, unas señoras para una asociación de enfermos. Incluso los bomberos de no sé dónde vendían calendarios con sus fotos. Hasta unos olivareros lo han hecho ¡para promocionar su aceite!

Estoy alucinado con este resurgir del arte del desnudo, que me temo que no es arte sino gusto por lo obsceno, que no es lo mismo.

Ese generalizado afán por enseñar se corresponde con ese espíritu de desvergüenza que algunos programas de televisión han puesto de moda, junto a la carencia de otro tipo de atracciones que no sean las corporales. Estas personas que se prestan a desvelar su intimidad corporal sin motivo real me hacen pensar en lo bien que se siente la gente cuando va al médico y éste, para reconocer al paciente, adopta las lógicas medidas de prudencia y hace al enfermo utilizar el biombo, o la bata.

Se corresponde también esta moda tonta del desnudo físico con la del desnudo moral: gozan de gran prestigio, en lo más bajo de los espíritus humanos actuales, los espectáculos tipo gran hermano, donde no hay intimidad ni para los sentimientos, o las exclusivas del famoseo.

Un pariente mío fue operado recientemente en una clínica de Madrid. El día de la intervención, en el aparcamiento de la clínica, me di cuenta de que había fotógrafos por todas partes: hasta subidos a los árboles. Ya dentro, mi hermano me hizo saber que acababan de ingresar al padre de una famosa artista, hermana de otra artista, novia de cantante. En la sala de espera de la UCI coincidimos con ellos, que lógicamente estaban tan preocupados como nosotros. Gente normal, al menos en esos momentos tan delicados. Pues allá abajo estaban los paparazzi, sin importarles nada el motivo de la visita al hospital: una foto de la famosa llorando, o del novio nervioso, valía demasiado dinero como para andarse con prejuicios morales. Horas estuvieron los fotógrafos: muchas horas, muchos días. Exactamente hasta que dieron el alta al paciente. Dentro, una familia se desvivía por un señor con un infarto. Fuera, mataban las horas los fotógrafos a la espera de ese instante de portada de revista indiscreta, y de su correspondiente cheque al portador. Cada vez que llegaba al parking un coche nuevo, los de las cámaras escudriñaban desde su posición, a ver quién viene, a ver si hay suerte, a ver si conseguían algo que en realidad no les importaba: lo que les importaba era la pasta. La bailarina y su novio el cantante, y su hermana la artista, y los demás de aquella familia, se protegían como podían de aquel acoso. Me dieron pena. Sólo querían hacer lo que, en una situación así, hace una familia: estar juntos.

Si a la bailarina se le hubiese ocurrido vender la exclusiva de su llanto, del consuelo de su novio o del sufrimiento de su padre, toda España la habría puesto verde. Por vender su intimidad, por venderse a sí misma.

No lo hizo. Vuelvo ahora a pensar en esas personas que, movidos vaya usted a saber por qué, se fotografían sin ropa para… para nada. Qué estupidez. Con lo bien que se está en casa.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 28 de diciembre de 2004

21 diciembre 2004

Propósitos de Navidad

Después de varios meses de rodaje del actual gobierno, muchos católicos se han dado cuenta de las injustas fijaciones anticristianas de la mayoría de los componentes del Gobierno socialista, sostenido por el PSOE y por Izquierda Republicana de Cataluña.

Tengo un amigo que, además de ser cura, es juez eclesiástico, y está desconsolado porque, según la vicepresidenta Fernández de la Vega, es un hombre doblemente tenebroso. Otro, escrupuloso él, siempre pone la X en la casilla del sostenimiento de la Iglesia Católica, y se pregunta si su actuación no será constitutiva de delito de desobediencia. Otro más joven, varón, tiene previsto casarse por la Iglesia con una mujer, y está preocupado porque no sabe si esto le costará el prestigio. La lista es interminable. Yo me pregunto: ¿nos merecemos esto?, ¿qué se puede hacer para evitarlo? ¿por qué está pasando esto? Y sólo encuentro una respuesta convincente: la culpa no la tienen los obispos, ni los curas: la culpa la tiene el Gobierno, y la tenemos los católicos.

Como parece claro que el gobierno va a lo que va y le importa un bledo todo lo demás, yo me he hecho una lista de propósitos para esta Navidad:

Primero: pondré en casa el Nacimiento y, todos los días, hasta el 9 de enero, rezaré al Niño, a la Virgen y a San José.

Segundo: el día de Nochebuena iré a la Misa del Gallo después de cenar.

Tercero: daré algún dinero a Cáritas, para que los pobres puedan cenar un poco mejor.

Cuarto: visitaré a algún enfermo para que se sienta acompañado.

Quinto: no me enfadaré en casa ni un solo día.

Sexto: no veremos en la tele ningún programa “especial” de los que suelen estar llenos de frivolidades y estupideces. Cantaremos villancicos.

Séptimo: enviaré sólo tarjetas de Navidad, no de paisajes de invierno, ni de renos, ni de bolitas de cristal.

Octavo: todos los días bendeciremos la mesa en casa.

Noveno: no pediré cosas caras a los Reyes Magos y seré sobrio en la comida y en la bebida.

Décimo: como estamos en el año de la Eucaristía, a todo el que diga la palabra “Hostia” sin venir a cuento, le haré ver que eso me duele y me ofende.

Si cumplo estos propósitos, me habré demostrado a mí mismo que quiero ser coherente. Y si no los cumplo… lo seguiré intentando. Y creo que si lo cumple, o lo intenta cumplir, mucha gente, el Gobierno no podrá estropear la Navidad. Allá el Gobierno con su conciencia, y allá yo con la mía.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 21 de diciembre de 2.004

14 diciembre 2004

Arístegui

Gustavo de Arístegui: Diputado del Partido Popular por Ciudad Real)

El domingo pasado estuve un rato con Gustavo de Arístegui, cuya trayectoria me había llevado, en febrero, a escribir que criticar su candidatura por Ciudad Real porque “no es de aquí” era una solemne tontería. La altura intelectual del cabeza de lista del Partido Popular al Congreso de los Diputados, su capacidad de trabajo y su correctísimo proceder valían la pena: incorporar a la política provincial a una persona con las características de Arístegui ha sido una buena decisión.

Pero el domingo pasado le descubrí otra faceta más: la capacidad de ilusionar. Arístegui acudió al acto en el que un buen número de afiliados y simpatizantes del Partido Popular mostraron su apoyo al candidato a Presidente Provincial, José Manuel Rodríguez Carretero. En ese acto, Gustavo de Arístegui volvió a demostrar que no es un “cunero”, que no vino a Ciudad Real para salir Diputado y luego salir corriendo, que se ha implicado en la defensa de los valores que su partido promueve en esta provincia, y que es un hombre de palabra que hizo una promesa y la está cumpliendo. Lo de menos es que esté apoyando la candidatura de Rodríguez Carretero (aunque, ciertamente, el dato es importante, sobre todo para hacerse una idea de la importancia de la figura de éste último). Lo principal es que Gustavo no ha querido permanecer al margen de lo que preocupa hoy a los manchegos que le votaron, y se ha mojado como hay que mojarse: con elegancia, con honradez y con coherencia, pero con fuerza.

Me gustó mucho su discurso del domingo, en el que dejó bien claro que lo importante es sacar adelante en esta Región el proyecto de su partido, con independencia de las personas. Mientras en la calle podía parecer que en el PP ciudadrealeño hay división o disputas internas, el discurso de Gustavo fue de ilusión. De ilusión por esta tierra que lleva demasiado tiempo gobernada por el Partido Socialista, y en la que hasta ahora parecía no haber remedio. “Pensad por un momento, dijo, en que ganamos las elecciones regionales. Pensad en que conseguimos que el Partido Popular gobierne en Castilla la Mancha y consigue lo que ya ha conseguido en otras regiones y en el conjunto de España durante los años en que ha estado gobernando”. No es textual, pero sí muy parecido, aunque lo dijo bastante mejor, y con convicción, con buena voluntad, con los mejores deseos. Dio en el clavo.

Gustavo de Arístegui ha sido una gran adquisición para Ciudad Real.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 14 de diciembre de 2.004

08 diciembre 2004

Bastante lego

El Consejero de Educación de Castilla la Mancha dijo hace dos semanas que era “lego en Derecho”. Lo dijo a la vez que tildaba de panfleto una Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla la Mancha que declaraba que el Decreto de Admisión de Alumnos vulnera derechos fundamentales de la persona. Ahora ya son tres la Sentencias de ese Tribunal las que le han dicho al Consejero que su Decreto vulnera derechos fundamentales de la persona. Y esta vez el Consejero no ha reconocido ser “lego en Derecho”, pero lo ha demostrado, porque ha dicho que no piensa cumplir las Sentencias hasta que no sean firmes, es decir, hasta que el Tribunal Supremo no resuelva sus recursos.

Cualquier persona que dedique su vida a intentar hacer el bien común merece todo mi respeto, y cuando ese bien común se busca desde una actividad, como es la política, que está sujeta a la crítica permanente, al trabajo sin horarios y al esfuerzo constante, me merece más respeto todavía. Por eso respeto al Consejero Valverde. Pero le falta un poco de prudencia, y un poco de estudio.

No creo que yo vaya a ser Consejero nunca al paso que voy, pero si algún día lo soy y un Tribunal me dice tres veces que he vulnerado derechos fundamentales de la persona con la firma de un Decreto, me llevaré un disgusto serio y me volveré a mi casa y a mi trabajo de siempre. Los procesos judiciales no son ningún juego. Las Sentencias no son discursos: son expresiones de uno de los poderes del Estado de Derecho, manifestación del imperio de la Ley. Y es esa Ley la que dice cuándo y cómo deben cumplirse las Sentencias. De manera que el Consejero Valverde deberá cumplir las tres Sentencias del TSJ de Castilla la Mancha, a no ser que solicite al Tribunal Supremo que suspenda la ejecución y éste lo acuerde. Los recursos presentados por Valverde tienen sólo efecto devolutivo (los resolverá el Tribunal superior ad quem) pero no suspensivo: sólo dejarán de ser ejecutivas si ese Tribunal ad quem lo acuerda. Pero si el Supremo no lo decide así, Valverde tendrá que cumplir las Sentencias. Vaya que sí.

Una cosa es ser lego en Derecho y otra muy distinta es ser imprudente en las declaraciones públicas: lo menos que se puede pedir a un señor Consejero es que hable con conocimiento de causa: el que una sentencia sea recurrible no significa que no deba cumplirse. Es legítimo y democrático recurrir una Sentencia que se considera no ajustada a Derecho. Pero también es legítimo y democrático dialogar con los afectados por una resolución.

Valverde se ha dado prisa en recurrir, pero no da ni indicios de querer reunirse con los afectados. Mucho diálogo y mucho talante, pero luego… lego. Bastante lego.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 8 de diciembre de 2.004