Condones
Con motivo del retorcimiento interesado de unas palabras del Secretario de la Conferencia Episcopal Española, estos días está de moda recordar que la Iglesia Católica, en su doctrina moral, es contraria al uso del preservativo.
Yo soy partidario de que la gente haga lo que le dé la real gana, pero no soy partidario de la desinformación. Soy contrario al uso del preservativo porque pienso que la sexualidad es un aspecto de la vida humana que debe vivirse en plenitud: con amor, con generosidad, con responsabilidad, y con apertura a la vida, es decir, con amor también a las consecuencias de esa entrega total del hombre y la mujer en el acto conyugal. En materia de sexualidad soy partidario de hacer lo que dicen los científicos a los grupos de riesgo de gripe: no salgan de casa; o a los diabéticos: no tomen dulce. O como ha dicho el Ministerio del Interior, ahora que viene el frío polar y hay peligro: mejor no salir en coche.
Yo me pregunto si la Ministra de Sanidad, o el Consejero, se consideran también destinatarios de sus propias campañas. A ambos les tengo por personas bastante sensatas y decentes, y supongo que lo principal para ellos, al evitar el sida, será no acostarse con quien no deben, medida ésta que, además de evitar el sida, favorece la estabilidad familiar, el equilibrio afectivo y la integridad personal.
Por eso tampoco soy partidario de las campañas de adoctrinamiento sexual contra el sida, o contra lo que sea, que se basen en el uso del preservativo: si una persona sensata sabe que lo primero que debe hacer es no acostarse con quien no debe, es eso lo que debe recomendar a los demás, a no ser que piense que los demás no son sensatos. Eso, respecto del sida por transmisión sexual. Igual que para evitar el contagio de sida por jeringuillas lo más sensato es no pincharse drogas.
¿Y los jóvenes, los adolescentes, los novios? Pues creo que sería más eficaz una formación dirigida más a su sensatez que a sus ganas de experimentar orgasmos. Dice José Antonio Marina que la libertad es la correcta gestión de las ganas: saber cuándo hay que seguirlas y cuándo no. Y tiene razón. A mí me gusta mucho lo que dice el Catecismo de la Iglesia sobre el noviazgo como periodo en el que los que se quieren fomentan con amor la esperanza de darse el uno al otro. Es que el Catecismo dice cosas muy interesantes: recomiendo su lectura.
Además, después de tantos años de campañas del tipo “póntelo-pónselo”, que en 1.990 Matilde Fernández nos metió hasta en la sopa, el porcentaje de contagios de sida por transmisión heterosexual ha subido del 12,6 al 30 por ciento, y la homosexual del 10,2 al 20. O sea, que ni son eficaces las campañas de preservativos, ni son eficaces los preservativos, tal y como en el ABC del domingo 23 de enero mostraba el doctor Barreiro, que asignaba al preservativo una eficacia real del 60 por ciento.
Así pues, no es eficaz el preservativo, ni son eficaces esas campañas. No es eficaz el preservativo porque tiene fallos, como casi todo, y no son eficaces las campañas porque lo que provocan es la mala gestión de las ganas.
Lo que sería realmente eficaz sería una educación para el amor y no sólo para el sexo. Y para la sensatez.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 26 de enero de 2005
Yo soy partidario de que la gente haga lo que le dé la real gana, pero no soy partidario de la desinformación. Soy contrario al uso del preservativo porque pienso que la sexualidad es un aspecto de la vida humana que debe vivirse en plenitud: con amor, con generosidad, con responsabilidad, y con apertura a la vida, es decir, con amor también a las consecuencias de esa entrega total del hombre y la mujer en el acto conyugal. En materia de sexualidad soy partidario de hacer lo que dicen los científicos a los grupos de riesgo de gripe: no salgan de casa; o a los diabéticos: no tomen dulce. O como ha dicho el Ministerio del Interior, ahora que viene el frío polar y hay peligro: mejor no salir en coche.
Yo me pregunto si la Ministra de Sanidad, o el Consejero, se consideran también destinatarios de sus propias campañas. A ambos les tengo por personas bastante sensatas y decentes, y supongo que lo principal para ellos, al evitar el sida, será no acostarse con quien no deben, medida ésta que, además de evitar el sida, favorece la estabilidad familiar, el equilibrio afectivo y la integridad personal.
Por eso tampoco soy partidario de las campañas de adoctrinamiento sexual contra el sida, o contra lo que sea, que se basen en el uso del preservativo: si una persona sensata sabe que lo primero que debe hacer es no acostarse con quien no debe, es eso lo que debe recomendar a los demás, a no ser que piense que los demás no son sensatos. Eso, respecto del sida por transmisión sexual. Igual que para evitar el contagio de sida por jeringuillas lo más sensato es no pincharse drogas.
¿Y los jóvenes, los adolescentes, los novios? Pues creo que sería más eficaz una formación dirigida más a su sensatez que a sus ganas de experimentar orgasmos. Dice José Antonio Marina que la libertad es la correcta gestión de las ganas: saber cuándo hay que seguirlas y cuándo no. Y tiene razón. A mí me gusta mucho lo que dice el Catecismo de la Iglesia sobre el noviazgo como periodo en el que los que se quieren fomentan con amor la esperanza de darse el uno al otro. Es que el Catecismo dice cosas muy interesantes: recomiendo su lectura.
Además, después de tantos años de campañas del tipo “póntelo-pónselo”, que en 1.990 Matilde Fernández nos metió hasta en la sopa, el porcentaje de contagios de sida por transmisión heterosexual ha subido del 12,6 al 30 por ciento, y la homosexual del 10,2 al 20. O sea, que ni son eficaces las campañas de preservativos, ni son eficaces los preservativos, tal y como en el ABC del domingo 23 de enero mostraba el doctor Barreiro, que asignaba al preservativo una eficacia real del 60 por ciento.
Así pues, no es eficaz el preservativo, ni son eficaces esas campañas. No es eficaz el preservativo porque tiene fallos, como casi todo, y no son eficaces las campañas porque lo que provocan es la mala gestión de las ganas.
Lo que sería realmente eficaz sería una educación para el amor y no sólo para el sexo. Y para la sensatez.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 26 de enero de 2005
