26 enero 2005

Condones

Con motivo del retorcimiento interesado de unas palabras del Secretario de la Conferencia Episcopal Española, estos días está de moda recordar que la Iglesia Católica, en su doctrina moral, es contraria al uso del preservativo.

Yo soy partidario de que la gente haga lo que le dé la real gana, pero no soy partidario de la desinformación. Soy contrario al uso del preservativo porque pienso que la sexualidad es un aspecto de la vida humana que debe vivirse en plenitud: con amor, con generosidad, con responsabilidad, y con apertura a la vida, es decir, con amor también a las consecuencias de esa entrega total del hombre y la mujer en el acto conyugal. En materia de sexualidad soy partidario de hacer lo que dicen los científicos a los grupos de riesgo de gripe: no salgan de casa; o a los diabéticos: no tomen dulce. O como ha dicho el Ministerio del Interior, ahora que viene el frío polar y hay peligro: mejor no salir en coche.

Yo me pregunto si la Ministra de Sanidad, o el Consejero, se consideran también destinatarios de sus propias campañas. A ambos les tengo por personas bastante sensatas y decentes, y supongo que lo principal para ellos, al evitar el sida, será no acostarse con quien no deben, medida ésta que, además de evitar el sida, favorece la estabilidad familiar, el equilibrio afectivo y la integridad personal.

Por eso tampoco soy partidario de las campañas de adoctrinamiento sexual contra el sida, o contra lo que sea, que se basen en el uso del preservativo: si una persona sensata sabe que lo primero que debe hacer es no acostarse con quien no debe, es eso lo que debe recomendar a los demás, a no ser que piense que los demás no son sensatos. Eso, respecto del sida por transmisión sexual. Igual que para evitar el contagio de sida por jeringuillas lo más sensato es no pincharse drogas.

¿Y los jóvenes, los adolescentes, los novios? Pues creo que sería más eficaz una formación dirigida más a su sensatez que a sus ganas de experimentar orgasmos. Dice José Antonio Marina que la libertad es la correcta gestión de las ganas: saber cuándo hay que seguirlas y cuándo no. Y tiene razón. A mí me gusta mucho lo que dice el Catecismo de la Iglesia sobre el noviazgo como periodo en el que los que se quieren fomentan con amor la esperanza de darse el uno al otro. Es que el Catecismo dice cosas muy interesantes: recomiendo su lectura.

Además, después de tantos años de campañas del tipo “póntelo-pónselo”, que en 1.990 Matilde Fernández nos metió hasta en la sopa, el porcentaje de contagios de sida por transmisión heterosexual ha subido del 12,6 al 30 por ciento, y la homosexual del 10,2 al 20. O sea, que ni son eficaces las campañas de preservativos, ni son eficaces los preservativos, tal y como en el ABC del domingo 23 de enero mostraba el doctor Barreiro, que asignaba al preservativo una eficacia real del 60 por ciento.

Así pues, no es eficaz el preservativo, ni son eficaces esas campañas. No es eficaz el preservativo porque tiene fallos, como casi todo, y no son eficaces las campañas porque lo que provocan es la mala gestión de las ganas.

Lo que sería realmente eficaz sería una educación para el amor y no sólo para el sexo. Y para la sensatez.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 26 de enero de 2005

18 enero 2005

Votaré "Sí" a la Constitución Europea

Ahora que todo el mundo tiene ya acceso al texto por el que se establece una Constitución para Europa, habrá que pensarse seriamente si votar en el referéndum, y qué votar.

Un referéndum es convocado por el Gobierno de la Nación y, tradicionalmente, el Gobierno lo convoca para obtener el consentimiento del pueblo para hacer algo, es decir, que el Gobierno lo convoca para que gente diga “Sí”.

Cuando uno no está precisamente muy contento con el Gobierno, lo primero que le pide el cuerpo es valorar qué le haría más pupa al Gobierno, si no votar o votar “No”. Pero, en este caso, creo que merece la pena votar, y votar “Sí”.

Me comentaba hace poco un funcionario que entiende de política europea, que se fía más de Europa que de España. Yo, no es que me fíe más, pero me parece más difícil tener un mal gobierno en Europa que en España.

Hay varios preceptos de la Constitución europea que me animan a votar “Sí”. Entre otros, está uno que prohíbe la clonación reproductiva, lo cual servirá para pararle los pies a más de un español insensato.

Otro artículo, en materia de educación, garantiza el derecho de los padres a elegir para sus hijos la educación que deseen, conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas: los españoles, ahora que el PSOE tiene ya decidido su desembarco en la legislación educativa, tendremos contra eso una garantía más de libertad: se respetará nuestro derecho a elegir enseñanza de la religión para nuestros hijos, la orientación filosófica de sus estudio, y la metodología pedagógica: término éste lo suficientemente expresivo como para que a su amparo se pueda, por fin, dejar más claro todavía que tenemos derecho a elegir enseñanza mixta o educación diferenciada por sexos.

Ahora que nuestro Gobierno se empieza a hacer eco de esa equivocación por la cual la religión debería ser una cosa exclusivamente personal, sin trascendencia social, la Constitución Europea deja a salvo el derecho a la libertad religiosa, incluyendo el derecho a manifestar su religión de forma pública o privada, a través del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos. Y, para más garantía, se establece la obligación de los Estados miembros de la Unión de respetar la diversidad religiosa, así como la prohibición de discriminación por ese motivo.

Hay otras razones por la que votaré “Sí”, pero tiempo habrá de explicarlas. Lo que sí me gustaría es que nuestros gobernantes explicasen cómo interpretan los distintos conceptos, no vaya a ser que esté yo equivocado.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 18 de enero de 2005

11 enero 2005

Consejos para los nuevos usuarios del AVE Madrid-Lérida

Como usuario de la línea de Alta Velocidad Madrid-Ciudad Real, me dirijo a todas las personas que a partir de ahora van a poder disfrutar de los trenes que RENFE acaba de llevarse de mi tierra para cubrir el servicio entre Madrid y Lérida.

Tanto los viajeros que hagan el trayecto en sus versiones cortas y se queden en estaciones intermedias, como los usuarios del tren en su recorrido completo, van a poder comprobar que la rapidez y la comodidad de los viajes irá además unida a un notable beneficio económico y cultural de las comarcas regadas por este nuevo elemento.

Como la experiencia es un grado, me permito sugerirles:

Cuando escuchen a un/a maleducado/a hablando por el teléfono móvil a voz en cuello, recrimínenselo inmediatamente. En caso contrario, corren ustedes el riesgo de que en poco tiempo sus viajes en AVE se conviertan en una insufrible odisea de conversaciones estúpidas que no interesan a nadie, pero que todos nos vemos obligados a aguantar.

Cuando vayan a comprar el billete y les digan que no quedan para el tren que ustedes desean, insistan: explíquenle al personal de la taquilla que hay al menos treinta o cuarenta viajeros habituales que pasan todo el trayecto en el bar y esos asientos están libres.

Cuando vea políticos en la clase club, tome nota.

No se aficione demasiado a comprar cosas en Madrid: seguro que en su propia ciudad venden lo mismo que usted busca. Aunque mola más que a uno le vean con una bolsa de tienda cara y elegante, los comerciantes de su tierra lo agradecerán, y la economía local no saldrá perjudicada.

Apréndase bien los distintos modos de entrar y salir de Atocha. Hay varios, y seguro que hay un camino más corto.

Aproveche el tiempo: llévese una buena novela, o un buen periódico. Mejor llévese dos, y cuando los de atrás empiecen a pegar voces podrá prestarles uno y se callarán un rato.

Recuerde que no sólo el desarrollo económico, sino también el cultural, están muy relacionados con la capacidad de viajar, de ver otros sitios, de conocer gente nueva. Aproveche.

Al jefe de la RENFE de su provincia hágale prometer que no van a cambiar los horarios, ni los precios, ni van a poner coches de peor calidad.

Tenga cuidado con los Diputados y las Diputadas del PSOE por su provincia: mientras el Gobierno sea socialista, no harán nada por mejorar el servicio, y se limitarán a disfrutarlo. Eso sí, cuando pierdan las elecciones se convertirán en unos reivindicadotes incansables de cosas que ellos, o ellas, nunca fueron capaces de defender. La culpa siempre la tendrá otro. A los manchegos nos ha pasado: denunciaron que iban a cambiar los trenes y los horarios, montaron el pollo electorero… y ahora, que son ellos los que mandan, hacen publicidad de lo bueno que es el nuevo servicio. Entonces ¿qué denunciaban antes, por qué y para qué? No hay respuesta. Se limitan a enviar a la prensa un concejal a decir tímidamente no sé qué del futuro.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 11 de enero de 2.005

04 enero 2005

Un consejo al Estado

(¿Matrimonio homosexual?)

Allá por cuarto de Derecho, cuando ya estábamos viendo el fondo y llevábamos docenas de lápices bicolores gastados subrayando leyes y manuales, siempre había compañeros decididos a hacer oposiciones. Incluso yo mismo me lo pensé un par de minutos…

Un alumno o alumna de Derecho que se plantee seriamente hacer unas oposiciones me parece una persona sobre todo valiente. Y si, además, al final las hace, mi admiración es ya suprema.

Los más valientes, para mi gusto, eran los que decidían hacer Letrado del Consejo de Estado. (Hago constar que yo estudié Derecho cuando la Constitución Española llevaba ya varios años en vigor). Esas oposiciones me parecían terribles: infinitos temas, y vaya temas, y además una dureza examinadora como para echar para atrás al torero más torero.

Han pasado ya algunos años, y me sigue pareciendo, y ahora con más fundamento, que los Letrados del Consejo de Estado gozan de un merecido prestigio en los ámbitos jurídicos y no jurídicos.

Por otra parte, los miembros del Consejo (los Consejeros del Estado) son todos personas de reconocidísimo peso específico tanto profesional como político y social. (¿Sucede lo mismo con los Consejos Consultivos de las Comunidades Autónomas?).

Pues bien, este órgano consultivo del Gobierno, más exactamente el máximo órgano consultivo del Gobierno, ha hecho que en mis apuntes no todo el final del año 2.004 sean catástrofes y desgracias. Con fecha 16 de diciembre el Consejo de Estado emitió un dictamen, a solicitud del Gobierno español, sobre el propósito del Ministerio de Justicia de regular la unión matrimonial entre personas del mismo sexo.

Yo sí que me he leído el dictamen, y me ha parecido una bocanada de aire limpio.

Dice el Consejo de Estado que está muy bien eso de intentar dar una regulación jurídica a formas de convivencia nuevas, entendiéndose como “nuevas” por haber carecido hasta ahora de legitimación y efectos jurídicos. Si en la vida de la sociedad han ido surgiendo modelos de convivencia que han ido consolidándose, será bueno que la ley entre a configurar los efectos de esas formas de convivencia y los derechos que asisten a los convivientes. Pero aclara, y bastante jurídicamente, que no hay por qué regular esas uniones como matrimonio pues, siguiendo la doctrina de los más prestigiosos catedráticos de Derecho Civil españoles y las legislaciones de los países occidentales (y añado yo: el sentido común), el matrimonio es por sí mismo una institución tendencialmente orientada a la procreación y, por tanto, esencialmente está compuesto por dos personas de distinto sexo.

Afirma expresamente el Consejo de Estado que pretender incluir dentro de la institución del matrimonio a las parejas homosexuales es forzar las cosas, y no es necesario.

No es necesario porque, como ya se ha dicho, pueden regularse esas relaciones mediante otra figura jurídica no familiar sino asociativa, o convivencial, o como quiera llamarse. Y no es necesario porque con ello no se garantizan los derechos de los homosexuales: estima el Consejo de Estado que no hay en la Constitución Española un derecho de los homosexuales a contraer matrimonio, aunque sí a convivir cada uno con quien le plazca. Por tanto, para garantizar los derechos de esas personas no hay por qué aplicar unos parámetros que les son ajenos.

En resumen: el Consejo de Estado no está por la labor de legislar un matrimonio entre homosexuales.

El informe no es vinculante. Pero es un consejo al Estado.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 4 de enero de 2.005