20 abril 2005

De conservador, nada (Benedicto XVI)

“El socialismo democrático ha podido insertarse desde el principio como un saludable contrapeso frente a las posturas liberales radicales de los dos modelos existentes, los ha enriquecido y también corregido”. Esto que acabo de entrecomillar corresponde a un párrafo de una conferencia pronunciada por el Cardenal Ratzinger en Berlín , el 28 de noviembre del año 2.000. Como ven ustedes, no hay que hacer demasiado caso de algunos comentaristas que han venido tachando, del verbo tachar, a Joseph Ratzinger de “conservador”.

Tengo la sensación de que quizá alguien esperaba un Papa que derogase algunos mandamientos de la Ley de Dios… sólo algunos, los más incómodos.

Después de veintiún siglos de Iglesia, hablar de Papas conservadores o de Papas progresistas es ridículo. No hay ninguna institución humana que perdure a través de los siglos, a pesar de los errores humanos. En estas cosas de Dios, está claro que Dios anda por medio, cuidando de sus asuntos, que son los nuestros, y el cual es el autor de la citada Ley de los diez mandamientos.

Escribo estas líneas minutos después de haber recibido, por televisión, la primera bendición del Papa Benedicto XVI. Soy católico y estoy contento de tener, de nuevo, un Padre en la Iglesia.

Cualquier Papa que hubiera sido elegido, habría contado inmediatamente con el cariño, el apoyo y la oración de los miles de católicos del mundo, que al grito de “¡fumata blanca!”, sin conocer la identidad del nuevo sucesor de San Pedro, nos pusimos inmediatamente a su lado.

El nuevo Papa tiene la característica que más necesita un Papa: es un hombre que reza, un hombre piadoso, un hombre de Dios. No se me olvida el cariño conmovedor con que el Cardenal Ratzinger terminaba su homilía, en el solemne funeral por Juan Pablo II, pidiéndole que nos bendijera desde el Cielo.

Les copio a ustedes otro párrafo de aquella conferencia: “El crecimiento de la violencia, la huída hacia la droga, el aumento de la corrupción, hacen muy perceptible que la decadencia de los valores también tiene consecuencias materiales, y que es preciso un cambio de rumbo”.

El diagnóstico de la sociedad actual, amenazada por la “dictadura del relativismo”, que hizo el Cardenal Ratzinger ante los Cardenales antes de entrar al cónclave me parece acertadísimo. No se suele llamar conservador al que pide un cambio de rumbo y denuncia las dictaduras.

Tranquilos, señores: Benedicto XVI no va a derogar ningún mandamiento. Lo que va a hacer es hablar muy claro, a ver si se despierta la adormecida conciencia de los hombres y las mujeres del siglo XXI. Que Dios le ayude.

Viva el Papa.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 20 de abril de 2.005

19 abril 2005

Ojo con la educación


El programa electoral del PSOE, en su capítulo sobre educación, dice que “la Educación ha sido y será siempre el patrimonio más preciado por el Partido Socialista”. Como simple declaración programática, es tremendo que un partido político democrático considere “su” patrimonio la Educación. Mira que hay palabras en el diccionario para expresar que uno tiene especial interés en algo, pues no: dice “patrimonio”, y lo dice atribuyéndose su titularidad dominical.

¿Hay algo más escandaloso que el que un partido se atribuya el poder de disposición, uso y disfrute de la Educación? Pues… sí lo hay: la consumación de la apropiación, ejerciendo de dueño. Y eso es lo que vienen haciendo los gobiernos socialistas: tanto los autonómicos desde que asumieron competencias educativas, como el central desde que tomó posesión.

No se pierdan la frase del Presidente de Castilla la Mancha en la inauguración de un Colegio Público en Ciudad Real la semana pasada. La transcribo entera: “la educación de nuestros hijos no es sólo cosa de sus maestros y maestras, sino que compete al conjunto de la sociedad y a todos los poderes públicos e instituciones, incluso a aquellas que aparentemente están muy alejadas del ámbito educativo”.

Como ven, para los socialistas, autoerigidos en titulares del patrimonio de la Educación, la libertad y los derechos de los padres no existen. Para esa concepción de la persona que tienen nuestros gobernantes, la educación compete a un inconcreto “conjunto de la sociedad”, que se canaliza a través de los “poderes públicos” e “instituciones”. A los padres ni se les cita.

Eso concuerda con el anteproyecto de Ley Orgánica de Educación que ha presentado recientemente la Ministra del ramo: no aparecen la libertad y los derechos de los padres por ninguna parte.

Cuidado con estos gobernantes, que ya han demostrado reiteradamente que entienden que la Educación es “su” patrimonio. Sin ir más lejos, en Castilla la Mancha los Tribunales les han anulado varios artículos de su peculiar normativa porque vulneraban derechos fundamentales de la persona. Si nos descuidamos, además de privar a los padres de su libertad para elegir colegio, les privarán de su libertad para elegir el tipo de educación. Rodríguez Zapatero se ha negado hace unos días a recibir a un grupo de padres de familia que le llevaban nada menos que tres millones y pico de firmas pidiendo que no se suprima la asignatura de religión y que ésta tenga categoría de verdadera asignatura para quien así lo desee.

Vivimos en una época en que cada día surgen noticias nuevas y los políticos y los medios de comunicación tienen mucho trabajo y en muchos frentes. Existe el riesgo de que se nos olvide lo principal: las libertades, entre las que tiene un lugar de honor la libertad de enseñanza. Más vale plantar cara cuanto antes a los intentos de atropello que puedan venir, y no esperarse a la “fase parlamentaria”, porque entonces ya no tendrá arreglo.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 19 de abril de 2005

12 abril 2005

Ética médica: el caso de Leganés

Una vez más estamos asistiendo a un ejercicio de desinformación rayano en lo escandaloso.

La noticia que está en la calle es que el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha despedido al coordinador de urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Es mentira: no lo ha despedido, sino que le ha enviado a su trabajo asistencial de siempre como anestesista, cesándole de un cargo de confianza, que era el de coordinador de urgencias.

Lo que menos noticia está siendo es lo verdaderamente importante: que, a raíz de una denuncia, se ha sabido que en el Servicio de Urgencias de ese hospital los índices de mortalidad triplican a los de otros hospitales de Madrid. Más: que, de los pacientes que murieron sedados, en más del ochenta por ciento de los casos, los responsables del servicio de urgencias no solicitaban el ingreso en planta, a pesar de que ese hospital cuenta con unidad de cuidados paliativos. Que, sólo en el año 2.004, en 57 casos de pacientes fallecidos en sedación no hay consentimiento informado. Que en muchos casos la indicación de sedación no fue adecuada, y la dosis excesiva.

Estos datos me parecen terribles, y les diré por qué. Hay una Ley vigente en España, conocida como “Ley de Autonomía del Paciente”, que es la Ley 41/2.002, que comienza hablando de la dignidad humana y que en su artículo segundo prescribe que “toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento de los pacientes o usuarios”, y en el párrafo sexto del mismo artículo precisa que “todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado no sólo a la correcta prestación de sus técnicas, sino al cumplimiento de los deberes de información y de documentación clínica”.

Sólo por el incumplimiento de estos mandatos legales, el cese político del coordinador de urgencias era necesario. Ahora procede respetar la investigación que están llevando a cabo los jueces sobre éste y otros aspectos de este macabro caso.

Afortunadamente, el nivel profesional y ético de los médicos en España es muy elevado, pero la universalización de la atención sanitaria pública, dependiente de presupuestos elaborados por políticos y economistas, puede llevar a los profesionales sanitarios a tener las manos atadas en el ejercicio de esa misión sagrada que tienen de cuidar de nosotros.

Si un hospital carece de medios suficientes para atender a toda la población que tiene encomendada, habrá que establecer mecanismos flexibles para que, por falta de presupuesto, no se quede nadie sin el tratamiento adecuado. A los directivos de los servicios sanitarios se les habla demasiado de presupuestos, de gestión, de eficacia. Y se corre el riesgo de que esos directivos lleguen a su hospital con las tijeras en la mano, recortando de aquí y de allá, sin tener en cuenta que lo principal es ese concepto del que comienzan hablando las leyes sanitarias, que es la dignidad humana.

Corren malos tiempos para los médicos. Pero ellos saben que, además del deber de asistencia, tienen el deber de “poner en conocimiento de la dirección del centro las deficiencias de todo orden, incluidas las de naturaleza ética, que perjudiquen esa correcta asistencia. Y si no fueran corregidas, las denunciará ante el Colegio de Médicos o a las autoridades sanitarias, antes de hacerlo a otros medios”. Así lo ordena el artículo 37 del Código de Ética y Deontología Médica. Empecemos por ahí.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 12 de abril de 2005

05 abril 2005

La fuerza de Juan Pablo II

Propios y ajenos están estos días comentando la importancia de la figura de Juan Pablo II, que en paz descanse. Gigante, Papa magno, Papa de la paz, hombre del siglo… no les es fácil a los preguntados encontrar una expresión que lo resuma todo. Es que no es fácil.

Viendo un reportaje que intentaba resumir los principales hechos del pontificado de Juan Pablo II, pude recordar muchos datos que, a pesar de ser cruciales, pueden quedar eclipsados los unos por los otros, porque la verdad es que este Papa hizo tantas cosas, consiguió tanto, que habrá que esperar muchos años para poder tener un elenco medianamente completo. Pensé que, si las cosas buenas que hizo el Papa son tantas que es imposible hablar de todas, cuántas serán las cosas malas que Juan Pablo II consiguió que no sucedieran, los males que consiguió evitar: esas, posiblemente, no las sabremos nunca, pero no me cabe la menor duda de que son muchísimas.

La pregunta que me hago es: ¿cómo lo hizo? ¿cómo lo conseguía? Me refiero a todo: desde su firmeza doctrinal hasta su capacidad de entrega y de sufrimiento, pasando por su coherencia y su atractivo personal.

Yo creo que la respuesta es: rezando. Juan Pablo II rezaba, y rezaba mucho. Todos le hemos visto rezar, y le hemos visto rezar tanto en una iglesia, como en mitad del Bernabéu, en el monte, en el coche, en el hospital. Le hemos visto, y muchos en directo, celebrar la Santa Misa con un recogimiento que nos hacía entender mejor lo que es una Misa, porque al Papa se le notaba que en Misa era consciente de tener a Cristo entre sus manos.

Son miles las personas que conservan un regalo del Papa, todos el mismo: un rosario. Un rosario es un instrumento que sirve para rezar cincuenta avemarías. El Papa solía regalar un rosario a todos los que, por una razón o por otra, se acercaban a saludarle o a visitarle. Rezar era su receta personal, y su recomendación constante a todos.

Juan Pablo II era un gran rezador; en la oración encontraba la fuerza, la luz, los modos, la verdad, la alegría, el consuelo, las ideas… en la oración lo encontraba todo.

Orar es hablar con Dios. Rezar es “abrir de par en par las puertas a Cristo” para hablar con Él: pedirle perdón, darle gracias, contemplar su vida, meditar sus mandatos, impregnarse de su amor. Eso es lo que hacía Juan Pablo II, y eso es lo que nos aconsejaba a todos: rezar.

Doy gracias al Cielo por haberme concedido la gracia de tener como padre, en la Iglesia Católica, a un hombre como Juan Pablo II, que abrió, de par en par, las puertas a Cristo.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 5 de abril de 2005