De conservador, nada (Benedicto XVI)
“El socialismo democrático ha podido insertarse desde el principio como un saludable contrapeso frente a las posturas liberales radicales de los dos modelos existentes, los ha enriquecido y también corregido”. Esto que acabo de entrecomillar corresponde a un párrafo de una conferencia pronunciada por el Cardenal Ratzinger en Berlín , el 28 de noviembre del año 2.000. Como ven ustedes, no hay que hacer demasiado caso de algunos comentaristas que han venido tachando, del verbo tachar, a Joseph Ratzinger de “conservador”.
Tengo la sensación de que quizá alguien esperaba un Papa que derogase algunos mandamientos de la Ley de Dios… sólo algunos, los más incómodos.
Después de veintiún siglos de Iglesia, hablar de Papas conservadores o de Papas progresistas es ridículo. No hay ninguna institución humana que perdure a través de los siglos, a pesar de los errores humanos. En estas cosas de Dios, está claro que Dios anda por medio, cuidando de sus asuntos, que son los nuestros, y el cual es el autor de la citada Ley de los diez mandamientos.
Escribo estas líneas minutos después de haber recibido, por televisión, la primera bendición del Papa Benedicto XVI. Soy católico y estoy contento de tener, de nuevo, un Padre en la Iglesia.
Cualquier Papa que hubiera sido elegido, habría contado inmediatamente con el cariño, el apoyo y la oración de los miles de católicos del mundo, que al grito de “¡fumata blanca!”, sin conocer la identidad del nuevo sucesor de San Pedro, nos pusimos inmediatamente a su lado.
El nuevo Papa tiene la característica que más necesita un Papa: es un hombre que reza, un hombre piadoso, un hombre de Dios. No se me olvida el cariño conmovedor con que el Cardenal Ratzinger terminaba su homilía, en el solemne funeral por Juan Pablo II, pidiéndole que nos bendijera desde el Cielo.
Les copio a ustedes otro párrafo de aquella conferencia: “El crecimiento de la violencia, la huída hacia la droga, el aumento de la corrupción, hacen muy perceptible que la decadencia de los valores también tiene consecuencias materiales, y que es preciso un cambio de rumbo”.
El diagnóstico de la sociedad actual, amenazada por la “dictadura del relativismo”, que hizo el Cardenal Ratzinger ante los Cardenales antes de entrar al cónclave me parece acertadísimo. No se suele llamar conservador al que pide un cambio de rumbo y denuncia las dictaduras.
Tranquilos, señores: Benedicto XVI no va a derogar ningún mandamiento. Lo que va a hacer es hablar muy claro, a ver si se despierta la adormecida conciencia de los hombres y las mujeres del siglo XXI. Que Dios le ayude.
Viva el Papa.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 20 de abril de 2.005
Tengo la sensación de que quizá alguien esperaba un Papa que derogase algunos mandamientos de la Ley de Dios… sólo algunos, los más incómodos.
Después de veintiún siglos de Iglesia, hablar de Papas conservadores o de Papas progresistas es ridículo. No hay ninguna institución humana que perdure a través de los siglos, a pesar de los errores humanos. En estas cosas de Dios, está claro que Dios anda por medio, cuidando de sus asuntos, que son los nuestros, y el cual es el autor de la citada Ley de los diez mandamientos.
Escribo estas líneas minutos después de haber recibido, por televisión, la primera bendición del Papa Benedicto XVI. Soy católico y estoy contento de tener, de nuevo, un Padre en la Iglesia.
Cualquier Papa que hubiera sido elegido, habría contado inmediatamente con el cariño, el apoyo y la oración de los miles de católicos del mundo, que al grito de “¡fumata blanca!”, sin conocer la identidad del nuevo sucesor de San Pedro, nos pusimos inmediatamente a su lado.
El nuevo Papa tiene la característica que más necesita un Papa: es un hombre que reza, un hombre piadoso, un hombre de Dios. No se me olvida el cariño conmovedor con que el Cardenal Ratzinger terminaba su homilía, en el solemne funeral por Juan Pablo II, pidiéndole que nos bendijera desde el Cielo.
Les copio a ustedes otro párrafo de aquella conferencia: “El crecimiento de la violencia, la huída hacia la droga, el aumento de la corrupción, hacen muy perceptible que la decadencia de los valores también tiene consecuencias materiales, y que es preciso un cambio de rumbo”.
El diagnóstico de la sociedad actual, amenazada por la “dictadura del relativismo”, que hizo el Cardenal Ratzinger ante los Cardenales antes de entrar al cónclave me parece acertadísimo. No se suele llamar conservador al que pide un cambio de rumbo y denuncia las dictaduras.
Tranquilos, señores: Benedicto XVI no va a derogar ningún mandamiento. Lo que va a hacer es hablar muy claro, a ver si se despierta la adormecida conciencia de los hombres y las mujeres del siglo XXI. Que Dios le ayude.
Viva el Papa.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 20 de abril de 2.005
