Aquilino Polaino
El que suscribe tiene la sana costumbre de informarse antes de opinar sobre algo, razón por la cual la semana pasada dediqué alguna que otra hora a estudiar lo que pasó en el Senado el lunes 20 de junio. He repasado el diario de sesiones y he leído la comparecencia del doctor don Aquilino Polaino ante los señores senadores. He leído también las intervenciones de los citados parlamentarios y las intervenciones de otros profesionales que también comparecieron ese día para informar a Sus Señorías acerca de sus experiencias y sus estudios, antes de que se votase el proyecto de Ley que pretende permitir el matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños por parte de esos matrimonios.
Quería dejar claro desde el primer renglón de este artículo que yo he leído toda la trascripción de la sesión, porque tengo la convicción de que muchos de los personajes que han opinado en medios de comunicación sobre la intervención del Dr. Polaino no han leído más que los titulares. Ya puede un opinador llamarse Federico, o Iñaki, o Mamen, o Carlos, o Gemma, y tener un prestigio y una audiencia millonarias, que si opinan sin haberse informado cometen una grave falta de profesionalidad.
El doctor Aquilino Polaino es un catedrático de psicopatología que seguramente ha escrito más estudios que todos esos senadores y opinadores juntos. Es un psiquiatra reconocido y premiado mundialmente.
Yo les recomiendo a ustedes que lean el diario de sesiones del Senado: se sorprenderán y es posible que les pase lo que a mí: se enfadarán con Federico, con Iñaki, con Pedro J. y con tantos otros ilustres opinadores que nos han pintado un cuadro falso.
El doctor Polaino dijo cosas de bastante sentido común: por ejemplo, que hay más de diez mil psiquiatras en el mundo dedicados a la atención de personas homosexuales, las cuales acuden libremente a sus consultas (“esos psiquiatras no viven del aire”, ironizó).
Se puede estar de acuerdo o no con Aquilino Polaino, o con su manera de expresarse. Pero no se puede manipular las palabras de la gente así por las buenas, para no quedar mal con el lobby gay. Y mucho menos se puede fusilar a nadie por contar lo que su experiencia de años le ha demostrado. A ver si sólo van a tener libertad de expresión el señor Pedro J., el señor Federico, el señor Iñaqui, o el señor Sardá, éste último para mostrar una caricatura de homosexual haciendo el ganso todas las noches.
Pero para mí la noticia no es lo que dijo Aquilino Polaino. La noticia es que la representante de Izquierda Unida llegó tarde y se limitó a manifestar que ella es de Izquierda Unida y no comparte las opiniones del profesor Polaino. La representante de Carod Rovira dijo algo así como que no sería ella quien le discutiese sus tesis. Otro senador le reprochó situarse en la lejana “atalaya de la ciencia”. Bochornoso: el único senador que llevaba trabajado el tema era Agustín Conde.
El señor Polaino demostró ser una persona seria cuando, ante las incoherencias que le planteaba algún senador de letras, terminó por reprocharle que pretenda que la política desaloje a la ciencia.
Por último, el señor Polaino demostró ser un gran médico: gastó buena parte de su intervención en explicar que él y otros diez mil colegas suyos de todo el mundo dedican muchas horas de trabajo a ayudar a personas homosexuales que acuden a sus consultas en busca de ayuda.
Ya lo ven ustedes: el delito del doctor Polaino ha sido dedicar su vida a las personas que acuden a su consulta en busca de ayuda porque son personas que sufren. Eso, para algunos, es delito porque supone “tachar de enfermos” a los pacientes.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 28 de junio de 2.005
