Que lo digan
En realidad, el Presidente del Gobierno español no ha expresado con claridad qué es o que pretende hacer con este país. Más bien tiene una especial habilidad para decir cosas completamente contrarias entre sí, sin inmutarse. Yo pensaba que lo de la sonrisa y el talante tenía su cierto contenido, pero no. La forma, en este señor, ha pasado a ser el fondo: es todo pura cáscara, apariencia, y dentro no hay nada. Es un regalo muy bien envuelto, un estuche lujoso… vacío.
Habrá que juzgar por los hechos, prescindiendo de las palabras. Las palabras de Rodriguez Zapatero siempre son buenas, aunque a veces un poco cursis, pero eso es inevitable. Cualquier persona de bien haría suyas las palabras que siempre dice el Presidente. Ahora bien, los hechos, no.
Las continuas cesiones ante Carod Rovira demuestran que, por encima de España y por encima del interés general, el Presidente pone su permanencia en el cargo. Para ser Presidente del Gobierno necesita el apoyo de un partido republicano e independentista, y le va pagando facturas a costa de España misma.
La falta de criterio claro ante el problema vasco demuestra que cuando estaba en la oposición pensaba una cosa, y ahora en el Gobierno hace otra muy distinta. No se entiende que como líder de la oposición propusiera y firmase un pacto por las libertades y contra el terrorismo que resultó utilísimo, y luego en el Gobierno uno de sus primeros actos fuese romper su propio pacto.
La ausencia de diálogo real con los ciudadanos es patente: a Guadalajara viajó en secreto, y para reunirse sólo con dos Alcaldes afines. Así como el Presidente castellanomanchego dio la cara y pasó el trago de su vida, ZP no se arrimó. Es lo habitual: no ha recibido todavía al Foro Español de la Familia, ni a los representantes de tres millones de firmantes por la asignatura de religión. Ha proyectado una Ley de Educación ignorando el debate social previo promovido por él mismo. Ha reformado el matrimonio desoyendo al mismísimo Consejo de Estado. La lista es amplia.
Suele suceder que, cuando un partido está gobernando, haya poco debate interno: no sé si será estrategia, o gusto por el cargo, o prudencia, pero siempre pasa. Luego, al llegar a la oposición, que es un lugar al que siempre se vuelve, aparece la autocrítica. Pero yo creo que las cosas que está haciendo Rodriguez Zapatero no le gustan a muchos españoles, y no sólo a los que no le votaron. Yo creo que a muchos votantes socialistas y a muchos militantes socialistas y a muchos responsables socialistas no les parece nada bien esta política. Las palabras nos encantan a todos. Pero los hechos no.
Yo estoy seguro de que hay políticos socialistas que no están de acuerdo con lo que está haciendo su Secretario General. Pues que lo digan. Por sensatez, por coherencia, por responsabilidad, por el pueblo, por España. Que lo digan.
Emilio Sanz
Habrá que juzgar por los hechos, prescindiendo de las palabras. Las palabras de Rodriguez Zapatero siempre son buenas, aunque a veces un poco cursis, pero eso es inevitable. Cualquier persona de bien haría suyas las palabras que siempre dice el Presidente. Ahora bien, los hechos, no.
Las continuas cesiones ante Carod Rovira demuestran que, por encima de España y por encima del interés general, el Presidente pone su permanencia en el cargo. Para ser Presidente del Gobierno necesita el apoyo de un partido republicano e independentista, y le va pagando facturas a costa de España misma.
La falta de criterio claro ante el problema vasco demuestra que cuando estaba en la oposición pensaba una cosa, y ahora en el Gobierno hace otra muy distinta. No se entiende que como líder de la oposición propusiera y firmase un pacto por las libertades y contra el terrorismo que resultó utilísimo, y luego en el Gobierno uno de sus primeros actos fuese romper su propio pacto.
La ausencia de diálogo real con los ciudadanos es patente: a Guadalajara viajó en secreto, y para reunirse sólo con dos Alcaldes afines. Así como el Presidente castellanomanchego dio la cara y pasó el trago de su vida, ZP no se arrimó. Es lo habitual: no ha recibido todavía al Foro Español de la Familia, ni a los representantes de tres millones de firmantes por la asignatura de religión. Ha proyectado una Ley de Educación ignorando el debate social previo promovido por él mismo. Ha reformado el matrimonio desoyendo al mismísimo Consejo de Estado. La lista es amplia.
Suele suceder que, cuando un partido está gobernando, haya poco debate interno: no sé si será estrategia, o gusto por el cargo, o prudencia, pero siempre pasa. Luego, al llegar a la oposición, que es un lugar al que siempre se vuelve, aparece la autocrítica. Pero yo creo que las cosas que está haciendo Rodriguez Zapatero no le gustan a muchos españoles, y no sólo a los que no le votaron. Yo creo que a muchos votantes socialistas y a muchos militantes socialistas y a muchos responsables socialistas no les parece nada bien esta política. Las palabras nos encantan a todos. Pero los hechos no.
Yo estoy seguro de que hay políticos socialistas que no están de acuerdo con lo que está haciendo su Secretario General. Pues que lo digan. Por sensatez, por coherencia, por responsabilidad, por el pueblo, por España. Que lo digan.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 3 de agosto de 2005
