17 enero 2006

Mensajes falsos

Llevo una temporada siguiendo el método Assimil “El nuevo inglés sin esfuerzo”. Debe de ser uno de los métodos de idiomas más antiguos, y en el prólogo explica algo así como que “usted aprenderá este idioma del mismo modo que aprendió su lengua materna: poco a poco, todos los días, y en unos meses usted hablará inglés”. A mucha gente le ha servido. A mí no creo que me vaya a resolver la vida, no por el método en sí, sino porque las cosas que tengo que hacer me impiden usarlo todos los días.
Cuando leí ese prólogo, que acabo de resumir en el párrafo anterior, pensé que de una manera análoga funcionará posiblemente la publicidad: mensajes repetidos con frecuencia, que se van archivando en la mente del receptor, y en un momento dado, cuando surge la ocasión, aflora el mensaje retenido y terminas pidiendo la “pesicola”, o lo que sea, y la pides porque tienes ese registro metido hasta dentro, y no porque realmente lo quieras.
Pienso que en la sociedad actual mucha gente tiene incrustados unos mensajes, trasmitidos poco a poco, todos los días, de manera que se funciona con conceptos e ideas que no son lo que pensamos, o lo que queremos.
El aborto. El aborto es una barbaridad tanto para la criatura a la que se mata como para la señora que lo consiente, como para el médico que lo practica. ¿Es que hay alguien que haya manifestado su satisfacción por los ochenta y cinco mil abortos del año 2.004 contabilizados recientemente en España? Yo no he leído ni escuchado a nadie que se haya puesto contento (salvo los cuatro que se forran con el abortismo). Más bien todo el mundo ha dicho que son demasiados, e incluso ha habido quien ha propuesto estudios para “prevenir” el aborto: información sexual, más campañas de anticoncepción, etc. No me digan ustedes que no es paradójico que el aborto sea legal, y cuando se producen muchos resulta que hay que preocuparse. Lo cierto es que el aborto es malo: es malo en sí mismo, porque es matar a un ser humano.
El divorcio. Es divorcio es un fracaso: es la terminación anormal de un proyecto de vida que se empezó sin la mínima intención de acabar en ruptura. No conozco a nadie que no se case para toda la vida: normalmente, la gente que no quiere vincularse de por vida no se casa. Hay una estadística por ahí que es para preocuparse: uno de cada pocos matrimonios se divorcian antes de las bodas de plata. Creo que vale la pena pararse a pensar, por una parte, que el divorcio no es el único modo de terminar una relación, y por otra, que ese elevado número de divorcios indica un elevado número de fracasos de convivencia, de relaciones, de amores. Y resulta que, en vez de ir al fondo de la cuestión, el Ministerio de Justicia lo que hace es que el divorcio sea más rápido. Oiga, ¿y no será mejor que estudiemos las causas de tanto fracaso y las pongamos remedio?
Y así podríamos seguir con muchos conceptos, de distinta índole y con mayor o menor trascendencia moral: la aritmética parlamentaria (si se ha aprobado en el parlamento, es bueno y no hay más que hablar); la economía (si sale la ocasión de pegar el pelotazo, se pega); la educación (resulta que la culpa del botellón la tienen los tiempos); la mentira (ya puede salir el sol por Antequera, que lo que hay que decir es esto y punto); la “moda joven” (es una cochinada ir enseñando medio pompis, y además pasan un frío tremendo, pero es lo que se lleva).
Mucho mensaje falso es lo que hay. Pero son tantos, y se repiten tan a menudo, que al final es lo que sale.
Querido lector: permítame un consejo o, si lo prefiere, una sugerencia: piense usted por libre y acabará detectando los mensajes falsos hasta por el olor.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 17 de enero de 2006

12 enero 2006

Señor Presidente del Gobierno

Señor Presidente: en el país que usted legítimamente gobierna están sucediendo cosas que me preocupan, y se las quiero contar a usted.
En el país que usted gobierna han empezado a aparecer pintadas hablando de quemar iglesias.
En el país que usted gobierna hay Comunidades Autónomas en las que se persigue a los que hablan castellano. La Constitución dice que todos los españoles tienen derecho a usar el castellano, además del deber de conocerlo: en todo el territorio nacional.
En el país que usted gobierna se está intimidando a medios de comunicación que dan voz a opiniones diversas de las de los intimidadores. Mire: yo colaboro en la COPE en una tertulia, y con mucho gusto. A mi derecha se sienta un socialista, y a mi izquierda un agnóstico, y enfrente un cura.
En el país que usted gobierna todo el mundo dice que se ha servido a aviones que trasladaban presos de Guantánamo, aquel infierno cruel e injusto que han inventado los americanos.
En el país que usted gobierna el ochenta por ciento de los padres quieren clase de religión para sus hijos: una clase de religión que puntúe, que sea tratada como una asignatura seria. Y usted no lo quiere aceptar.
En el país que usted gobierna es del dominio público que las entidades de crédito le perdonan cuantiosas deudas a los partidos políticos.
En el país que usted gobierna hay una serie de instituciones y organismos oficiales, e incluso poderes constitucionales del Estado, que se supone que deberían ser independientes por mandarlo así la Constitución, y a cuyos miembros siempre se les aplica el apellido de “los vocales propuestos por tal partido”, poniendo de manifiesto lo dudoso de su independencia.
En el país que usted gobierna las portadas siempre las ocupa la política: nunca la sociedad civil. Los políticos que mandan apenas dejan respirar a otras manifestaciones de la voluntad popular: asociaciones, corporaciones, movimientos sociales.
En el país que usted gobierna han tenido que hacer un plan especial para vigilar los alrededores de los colegios porque hay mucha droga.
En el país que usted gobierna la televisión es una porquería a partir de determinada hora, y a veces incluso antes.
En el país que usted gobierna han muerto cerca de mil personas asesinadas por una banda terrorista que sigue actuando.
En el país que usted gobierna no hay más cisco porque comemos todos los días y mandamos en nochevieja catorce millones de mensajes de móvil a quince pesetas el mensaje.
Señor Presidente, piense un poco.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 10 de enero de 2006