28 marzo 2006

Besos machistas

Estos tiempos de paridad impuesta y de lucha contra el machismo son una gran ocasión para replantearse varias cosas y ponerlas en su sitio. Por ejemplo, para exigir a los editores de muchas revistas femeninas (no hay más que ver la publicidad que insertan, para ver que son revistas femeninas) un poco más de calidad en los contenidos. Porque algunas de esas revistas se caracterizan por su exceso de material gráfico mediocre y su carencia de letra escrita, su falta de contenidos culturales medianamente serios, su obsesiva curiosidad por la vida de los que ellas mismas han hecho famosos, y su ausencia de firmas intelectuales. Como si a las mujeres sólo le interesara la moda y el cotilleo: triste concepto de la mujer tienen esos editores.
Puede ser también una buena ocasión para buscar una alternativa a los y las que se dedican a comerciar con fotos de cuerpos femeninos, en prensa y en televisión: hay publicaciones que utilizan mujeres como si fueran auténticos objetos, muy bonitos, pero objetos: mudos, de adorno, sin nada que decir, sugiriendo sólo instintos.
Y, por supuesto, sería una ocasión estupenda para acabar con la costumbre del besito. Empezaron algunos jugadores de fútbol dando un besito al suplente que sale, o al pobre hombre que acaba de meter un gol, y ahora ya se va extendiendo el hábito, y de vez en cuando aparece un célebre concejal de Madrid besando a los ministros.
Estamos a tiempo de evitar que lo del beso se generalice, e incluso recuperar un terreno que le hemos ido arrebatando al buen gusto. Con lo elegante que es dar la mano. Hace veinte o treinta años te presentaban a una mujer y lo correcto era darle le mano. Se fue poniendo de moda el par de besitos, como cosa más moderna y más informal, y ahora ya ven: corremos el riesgo de igualar, pero hacia el beso. Y yo a eso no estoy dispuesto.
El beso siempre ha sido una muestra de cariño propia de vínculos familiares, o de mucha intimidad o confianza. Fuera de ese ámbito, es más correcto dar la mano: es más respetuoso, más social.
Saludar del mismo modo a la esposa, a la hija o a la hermana, que a la compañera de trabajo o a la esposa del amigo, no deja de ser incoherente. Si madre no hay más que una, no vamos a saludar igual a la madre que a la señora que te acaban de presentar.
Por otra parte, lo de saludar con un beso a las señoras y, en cambio, con un apretón de manos a los hombres, no deja de ser una muestra de machismo absurdo y discriminador. Y, dado que el noventa y nueve coma nueve por ciento de los hombres no estamos dispuestos a saludarnos entre nosotros a beso limpio, creo que será mejor volver al saludo consistente en estrechar la mano, también a las señoras.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 28 de marzo de 2006

21 marzo 2006

Propongo un boicot

No hay nada más útil que el Diccionario de la Real Academia Española para aprender cosas. Resulta que la palabra “boicot” procede Boycott, que es el nombre del primer administrador irlandés a quien se aplicó el “boicoteo” en 1.880. Pues “boicotear”, en su primera acepción, es “excluir a una persona o a una entidad de alguna relación social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige”. Y como segunda acepción es “impedir o entorpecer la realización de un acto o de un proceso como medio de presión para conseguir algo”.
Media España está preocupada por el entorno en el que están creciendo nuestros jóvenes y nuestros niños ( y eso cuando no es el marido preocupado por la esposa, o viceversa): peligro de alcohol, peligro de drogas, falta de esfuerzo personal, consumismo caprichoso, excesivas necesidades irreales, poco estudio, mucho sexo temprano, inmadurez. Y, mientras tanto, la otra media España está viendo la televisión: si hay bofetadas por el “share” de por las mañanas, que es cuando se supone que la mayor parte de la gente está trabajando, no quiero ni imaginar lo que sucede en las horas inhábiles.
Creo que era Santo Tomás el que decía aquello de “nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”, que significa que no tenemos nada en la inteligencia que primero no hayamos tenido en los sentidos o, lo que es lo mismo, que es por los sentidos por donde se alimenta ese mundo interior de cada uno que es la cabeza.
Pues bien: con no sé cuántas horas diarias de televisión, multiplicado por una tele en el salón, otra en la cocina, otra en cada dormitorio, otra en el bar, otra en la peluquería, y otra en la cola del banco; y todo ello analizado bajo el prisma de lo que ponen las cadenas, y teniendo en cuenta que la televisión nos coge por varios sentidos (la vista y el oído como mínimo, más el tacto por el mando y el sofá), el resultado es que media España tiene en la cabeza lo que día tras día ven por televisión: o sea, informaciones no siempre contrastadas, opiniones gratuitas, cotilleos insanos, intimidades exhibidas, telenovelas de adulterios, series juveniles de falsos jóvenes frívolos, anuncios publicitarios hasta cuando el entrenador habla para la prensa. Y eso en horas diurnas. En horas nocturnas, cuando las cabezas están más indefensas y los cuerpos más cansados, el efecto se multiplica y la lluvia fina de las mañanas empieza a hacer charcos inmensos que, ya a última hora, se convierten en pornografía pura en muchas cadenas, locales y no locales.
Yo propongo un boicot a los medios de comunicación que nos meten por los sentidos, a nosotros y a nuestras familias, a nuestros cónyuges, a nuestros alumnos, a nuestros amigos, a nuestros clientes, a nuestros votantes, a todo el que se ponga delante (y nunca mejor dicho) toda esa retahíla de contenidos inconvenientes. Son divertidos y son de buena calidad técnica pero, si seguimos viéndolos, acabaremos teniendo en la cabeza todos esos charcos. En la tele está la respuesta a preguntas muy frecuentes: ¿dónde ha aprendido eso este niño? ¿qué le pasa a mi mujer? ¿por qué tengo menos fuerza interior? ¿qué le pasa al mundo?
A la porra la televisión: sólo una por casa. Y para usarla con cabeza, y no como niñera o como acompañante. Y durante las comidas, a charlar. Y por las noches, a dormir.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 21 de marzo de 2006

15 marzo 2006

Valores y precios

No sé si todo hombre tiene un precio, pero a veces dudo de la solidez de los valores de algunas personas.
El Parlamento español está generando unas leyes tremendamente agresivas para la dignidad de la persona: matrimonio gay y consiguiente adopción de niños por parejas homosexuales, Ley Orgánica de Educación que expropia derechos de los padres, Ley de Técnicas de Reproducción Asistida que no reconoce como ser humano al embrión y permite cuestionar su derecho a vivir.
Paralelamente, los gobiernos, el nacional y algunos autonómicos, están emanando desarrollos reglamentarios de similar agresividad contra el concepto de persona: programas de formación de la juventud de dudosa eficacia antidroga, guías para chicas que fomentan malas costumbres, por no hablar de la reforma del Registro Civil (progenitores A y B) sobre la que ya se han hecho suficientes bromas cuando no es ninguna broma.
Conviene recordar que esos parlamentos y esos gobiernos, por mucho que sean instituciones más o menos altas, no dejan de ser un conjunto de personas. Y que la tan traída y llevada voluntad popular, que se supone expresada por esas instituciones, no es ni más ni menos que el conjunto de las voluntades individuales, más o menos coincidentes, de las personas que las componen.
Creo que es hora de dejar de preguntar a las instituciones y empezar a preguntar a las personas. A ver cómo andamos de valores.
Señor diputado, señor concejal, señor político: A usted, ¿le parece bien llevar a sus hijos al colegio que le toque, y no al que usted elija? ¿Usted se fía de la educación para la ciudadanía que programe el gobierno de turno? ¿Le gustaría que sus hijos fuesen adoptados por una pareja homosexual de las que adornan las carrozas del orgullo gay? ¿Está usted seguro de que un embrión no es un ser humano? Cuando usted quería un hijo, ¿no se puso contento cuando el médico confirmó el embarazo de pocos días? ¿Quiere usted que se investigue para erradicar las enfermedades, o se conforma con seleccionar sólo a los embriones más perfectos? ¿Le parece bien que sus hijos lleguen del botellón a las diez de la mañana? ¿Qué opina usted de esos folletos que explican cómo disfrutar mejor de la heroína? ¿Le gustaría encontrar ese folleto entre los libros de su hijo? ¿Ha visto usted la “Guía para Chicas”? ¿Le gustaría que su hija adquiriese las costumbres que en esa guía se inculcan? ¿Usted quiere que sus hijos tengan enemigos, o prefiere que se eduquen en el respeto, incluso verbal, del adversario? ¿Está usted sometido a la disciplina de voto, a costa incluso de su conciencia? ¿Tiene usted principios propios, o sólo los que le marque su partido? ¿Hasta dónde está usted dispuesto a llegar para conservar el escaño o no caerse de una lista? ¿Se atreve usted a pensar por libre? ¿Sería usted capaz de llevar la contraria a su jefe político? ¿No está usted un poco harto de tragar, de mirar para otro lado, de que utilicen su nombre y su voto para legislar en contra de valores básicos?
Oiga, ¿qué precio tienen sus valores?
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 14 de marzo de 2006

09 marzo 2006

Jueces

De las primeras cosas que se aprenden, cuando se estudia Derecho, es que los jueces hablan mediante Providencias, Autos y Sentencias, y que sólo mediante éstas últimas se resuelve sobre el fondo de los asuntos.
Así pues, si sus Señorías parlamentarias quieren conocer los criterios del Tribunal Supremo sobre las condenas a los presos de ETA o sobre cualquier otra cuestión sometida a su jurisdicción, lo que tienen que hacer es leerse las muchas Sentencias que el Alto Tribunal ha dictado en cumplimiento de su función.
Los jueces no son jueces porque le hayan caído bien al comité que prepara las listas electorales y hayan conseguido que los pongan en un puesto de los que salen. No son jueces porque tengan buena imagen, o porque llenen plazas y plazas en unos elocuentes mítines.
Los jueces son jueces porque han sido capaces de demostrar, ante un exigente tribunal de oposiciones, que conocen el Derecho y saben aplicar las leyes.
Precisamente por eso, ha hecho muy bien el Presidente del Tribunal Supremo en no acudir a la llamada del Partido Socialista.
Y también precisamente por eso, los ciudadanos haremos muy bien en oponernos a esa reforma del Poder Judicial, que pretende hacer el PSOE, por la cual podrán acceder a la judicatura algunas personas cuyo mérito no estará en haber demostrado conocer el Derecho.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 9 de marzo de 2.006

08 marzo 2006

Progenitor A o B

A la chita callando, el socialismo radical, apoyado por otros radicales de izquierda, ya va consiguiendo que las leyes españolas se enteren de lo que vale un peine.
Por lo pronto, estamos a marzo de 2.006 y ya no hay niños paseando de la mano de su papá y de su mamá, sino post-embriones agarrados de las extremidades superiores de su progenitor A y de su progenitor B.
Si, nueve meses antes de nacer, el niño es un pre-embrión según la Ley, no debería ser incorrecto decir que, nueve meses después de nacer, el niño es un post-embrión, o un post-feto.
Por si habíamos perdido la capacidad de asombro ante las barrabasadas legislativas de la actual mayoría del parlamento español, el Gobierno nos mantiene en forma con sus desarrollos normativos imprevisibles: si por Ley se ha privado a los embriones del derecho a ser considerados seres humanos, y por Ley se ha hecho cachitos el concepto de familia, la siguiente tenía que ser más absurda todavía, de manera que, en vez de padre y madre, habrá niños que tengan progenitor A y progenitor B.
Con una lógica aplastante, si la Ley permite que las parejas homosexuales adopten niños, o los encarguen a un laboratorio, no podía permitirse España el lujo de discriminar a esas parejas y hacerlas pasar por la vergüenza de a ver cuál de los dos contrayentes, el A o el B, figuraría como padre o como madre siendo ambos del mismo sexo. Había que cambiar el Registro Civil. Ni padre, ni madre: progenitor, y todos contentos. Supongo que lo de A o B terminará también regulado en un Real Decreto para evitar que haya peleas por la letra, y se terminará haciendo por orden alfabético, o jugándoselo a pares o nones bajo la fe del Secretario del Registro.
Esto es tan absurdo y tan grave a la vez, que no tengo más remedio que apelar al sentido común de los representantes de la soberanía popular, y preguntarles qué piensan realmente todo esto. Porque tengo la seguridad de que la disciplina de voto y la información incompleta pueden ser la causa de estos desmanes antinaturales.
Políticos que se hacen fotos con niños discapacitados votan a favor de leyes que impedirán que nazcan más niños como esos. Políticos que mandan a sus niños a colegios privados religiosos pero legislan que la escuela sea pública y laica. Políticos que te razonan perfectamente que la dignidad humana es sagrada, y votan a favor de barbaridades pseudo-científicas.
Yo entendería que un político se olvide del tren que prometió, o del incremento de infraestructuras que tan necesario era en aquella zona durante la campaña. Eso son cosas de la política, y además tienen arreglo: se arreglan con dinero, con inteligencia y con trabajo. Pero hay cosas que no se deben olvidar, porque son cosas cuyas consecuencias no tienen arreglo, son cosas que hacen daño al ser humano mismo, a su dignidad.
Si por no llevar el AVE a Tomelloso nos tenemos que poner colorados, ¿De qué color nos pondremos por dejar a un niño sin papá y sin mamá, para convertirlo en un post-embrión al cuidado de un progenitor A y otro B?
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 7 de marzo de 2006