Educación sexual para la ciudadanía
La noticia saltó la semana pasada a los medios, aunque pocos se han hecho el eco que correspondería en una sociedad, no sólo libre, sino consciente de su libertad.
El Ministerio de Educación prepara una guía de educación sexual para niños y niñas de seis a doce años, aparentemente para insertarla en los contenidos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Es posible que el contenido de esa guía sea perfectamente legal, políticamente correcto, y la mar de moderno. Pero yo he tenido ocasión de leer varios de sus párrafos y les aseguro a ustedes que no se la recomiendo.
Es una guía que parece pretender acelerar el desarrollo sexual de los niños y las niñas, dándoles unos criterios, incluso morales, que no son en absoluto científicos, ni psicológica ni socialmente hablando.
Pero sobre todo, lo que más llama la atención en esta última o penúltima actuación del Ministerio de Educación, es la auténtica intromisión de las autoridades políticas educativas en el ámbito de las competencias de la familia, de los padres. Parece como si el Gobierno, una vez horadados los cimientos de la libertad de enseñanza mediante la supresión del derecho a elegir colegio, y una vez adulterado el concepto de familia hasta el punto de negar el derecho a un padre y a una madre, pretendiese ahora imponer unos criterios morales, pues es eso en definitiva lo que subyace detrás de las recomendaciones que recoge esta guía de orientación sexual: es bueno hacer tal cosa, pero no es bueno hacerla en público; es malo controlar tales sentimientos; es bueno realizar tales actos.
Poco a poco estamos asistiendo a una masiva violación de derechos irrenunciables. El derecho de los padres a elegir el tipo de educación que ha de darse a sus hijos está protegido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por la Constitución Española, por la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. El día menos pensado Amnistía Internacional nos sorprende con un informe sobre las violaciones de este derecho en España. No estaría mal.
No pretendo que se obligue a nadie a abrazar una concepción moral concreta. Defiendo la libertad y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Precisamente por eso creo que la sociedad debe rechazar esas intromisiones del poder político. La Ministra y el Consejero, que eduquen a sus hijos según sus convicciones. Pero que dejen en paz a los hijos de los demás y respeten la libertad de todos.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 24 de abril de 2006
El Ministerio de Educación prepara una guía de educación sexual para niños y niñas de seis a doce años, aparentemente para insertarla en los contenidos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Es posible que el contenido de esa guía sea perfectamente legal, políticamente correcto, y la mar de moderno. Pero yo he tenido ocasión de leer varios de sus párrafos y les aseguro a ustedes que no se la recomiendo.
Es una guía que parece pretender acelerar el desarrollo sexual de los niños y las niñas, dándoles unos criterios, incluso morales, que no son en absoluto científicos, ni psicológica ni socialmente hablando.
Pero sobre todo, lo que más llama la atención en esta última o penúltima actuación del Ministerio de Educación, es la auténtica intromisión de las autoridades políticas educativas en el ámbito de las competencias de la familia, de los padres. Parece como si el Gobierno, una vez horadados los cimientos de la libertad de enseñanza mediante la supresión del derecho a elegir colegio, y una vez adulterado el concepto de familia hasta el punto de negar el derecho a un padre y a una madre, pretendiese ahora imponer unos criterios morales, pues es eso en definitiva lo que subyace detrás de las recomendaciones que recoge esta guía de orientación sexual: es bueno hacer tal cosa, pero no es bueno hacerla en público; es malo controlar tales sentimientos; es bueno realizar tales actos.
Poco a poco estamos asistiendo a una masiva violación de derechos irrenunciables. El derecho de los padres a elegir el tipo de educación que ha de darse a sus hijos está protegido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por la Constitución Española, por la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. El día menos pensado Amnistía Internacional nos sorprende con un informe sobre las violaciones de este derecho en España. No estaría mal.
No pretendo que se obligue a nadie a abrazar una concepción moral concreta. Defiendo la libertad y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Precisamente por eso creo que la sociedad debe rechazar esas intromisiones del poder político. La Ministra y el Consejero, que eduquen a sus hijos según sus convicciones. Pero que dejen en paz a los hijos de los demás y respeten la libertad de todos.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 24 de abril de 2006
