30 mayo 2006

María Dolores de Cospedal

Fernando Lamata, García Page, Nemesio de Lara, José Manuel Caballero, Sebastián Fuentes y todos cuantos socialistas de pro han hablado de la designación de María Dolores de Cospedal como candidata a la Presidencia de Castilla la Mancha, todos, han dicho lo mismo, que es lo que debe de poner en el argumentario que les han pasado: que en Génova han ninguneado a Castilla la Mancha enviando a una persona de fuera.
Supongamos, sólo hipotéticamente, que eso fuera cierto.
La primera observación es clara: los socialistas no están criticando a María Dolores de Cospedal, sino al Partido Popular de Castilla la Mancha. Y esto es así porque la recién designada candidata tiene, como tal, poca crítica posible: es Abogada del Estado (gente a la que se le presume capacidad de estudio, de trabajo y una cabeza en condiciones); su gestión al frente de la Consejería de Infraestructuras en Madrid es la envidia de muchas consejerías equivalentes en otra Comunidades; su paso por varias subsecretarías le garantiza una experiencia muy valiosa. Vamos, que la idoneidad de Cospedal no tiene crítica posible. De ahí que los socialistas estén volcados, no en la crítica a la candidata, sino en la crítica al PP de Castilla la Mancha.
Retomemos la hipótesis: supongamos que las críticas que están haciendo los socialistas (insisto, críticas al PP, no a la candidata) están justificadas: que si es que no hay en Castilla la Mancha una persona capaz, que si es una candidata impuesta desde Génova, y cosas por el estilo. En ese caso, la observación, la segunda, sería: los militantes del Partido Popular de Castilla la Mancha se fían de los líderes nacionales de su partido. Y eso sí que es cierto: los populares de Castilla la Mancha se fían, y mucho, de los dirigentes de su partido, entre otras cosas porque en este momento son los únicos que están dando la cara en los grandes problemas que tiene España: la verdadera lucha contra el terrorismo, la unidad de España, el control de las fronteras. Problemas que, parta colmo, han creado los líderes nacionales del Partido Socialista, con el apoyo, eso sí, de los parlamentarios socialistas de Castilla la Mancha.
Yo lo veo muy claro: mientras los militantes del PP se fían, y mucho, de sus líderes nacionales, los militantes socialistas están realmente desencantados de sus líderes nacionales, pero son obligados a votar a favor del Estatuto de Cataluña, a favor de la negociación con ETA, e incluso a seguir apoyando a un Gobierno que no para de ordenar trasvases a Murcia. ¿Quién ningunea a quién?
En Castilla la Mancha la gente se fía de Rajoy, y no se fía de Zapatero. Y Zapatero obliga a nuestros diputados socialistas a votar con la nariz tapada, mientras Rajoy firma la designación como candidata para Castilla la Mancha de una persona más que idónea, y que además es mujer… ¡sin cuota!
Si a eso le sumamos que realmente no ha habido imposición de Génova, más el deseo de cambio que se respira después de demasiados años de gobierno socialista, coincido con García Page en una cosa: que María Dolores de Cospedal venga cuanto antes.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 30 de mayo de 2006

26 mayo 2006

La crítica, la gente y Da Vinci

Yo también quiero poner mi granito de arena en esta historia.
Con “El Código Da Vinci”, tanto novela como película, está sucediendo algo que no deja de ser curioso y que valdría la pena analizar despacio. Algo que ya viene pasando desde hace tiempo con determinados productos literarios, televisivos y cinematográficos. Ese “algo” al que me refiero no es otra cosa que la diferencia enorme entre la opinión de “los expertos” y la opinión de “la gente”: los críticos, los catedráticos, los profesionales van por un lado, y el público va por otro. Los expertos dicen que la novela es una cosa más que floja, y sin embargo el público ha hecho rico al autor comprando no sé cuántos millones de ejemplares. Eso ya venía ocurriendo con determinados programas de televisión: todo el mundo criticando la tele-basura, y los programas venga a ganar dinero.
Alguien que sepa de esto debería analizar la situación y sus causas. Si la novela es un bodrio, por qué la compra la gente. Si la película es mala, por qué se invierte una millonada en producirla y distribuirla.
Es indudable que gran parte de las respuestas están relacionadas con el dólar: el novelista, la productora, los actores querían ganar dinero. Pero todos ellos, y sus respectivos equipos, son lo suficientemente hábiles como para no poner un duro en algo que no les vaya a dar beneficios. Luego saben que ese producto le va a gustar a la gente, y por eso lo ponen en el mercado. Ahora bien: no creo que a esos equipos tan inteligentes y expertos se les escape que lo que están poniendo en venta es una porquería: ellos también tienen sus estudios, que no creo que difieran mucho de la opinión de la crítica. Lo que pasa es que la crítica busca calidad, y las productoras buscan dólares. Y no es que ambas cosas estén reñidas o sean incompatibles: ejemplos hay, y muchos, que demuestran que la calidad es rentable.
Si a la crítica le interesa la calidad y a las productoras el dinero, y resulta que el producto no tiene calidad pero da mucho dinero, una de las muchas conclusiones posibles es que quien no busca la calidad es el público: ese público que aguanta todas las noches, y algunas tardes e incluso varias mañanas, la tele-basura y que ha hecho millonarios a cuatro caraduras sin escrúpulos.
La crítica es unánime: lo del tal Dan Brown es una cutrez. La novela ha vendido un montón: la gente la ha comprado. Ergo la gente ha comprado una cutrez. También sería interesante saber si “la gente” sabe que eso que ha comprado es una cutrez, o si lo ignora, o si le da igual.
En cualquier caso, esa diferencia de criterio entre los expertos y el público daría mucho que pensar a una persona seria y responsable. Al final todo termina en la educación.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 23 de mayo de 2006

16 mayo 2006

Detención ilegal

La libertad personal es algo elemental, básico, en un Estado moderno, democrático y de Derecho. La libertad personal es tan elemental y tan básica, que a veces tengo la sensación de que sólo cuando se pierde se es consciente de su importancia. La libertad personal está hoy tan incorporada, tan hecha uno con la vida, que en las sociedades democráticas serias se castiga con dureza cualquier ataque a la libertad. Todo un título del Código Penal está dedicado a tipificar y castigar los delitos contra la libertad.
Sólo cuando concurran determinadas causas, todas ellas extraordinarias, puede la autoridad disponer que se prive de libertad a una persona. Y, como garantía de la libertad misma, tanto las causas de la privación de libertad, como el modo en que ha de llevarse a cabo, están establecidos en la ley.
La detención es un modo de privación de libertad, que puede y debe llevarse a cabo si se dan las circunstancias que la ley establece. Es un mecanismo de defensa de la sociedad, que usa la fuerza para privar de libertad al que esté cometiendo flagrantemente un delito o al que haya motivos racionales para pensar que lo ha cometido.
Si la detención se ha realizado por causas y mediante procedimientos previstos en la ley, la detención es legal. Y si no, la detención es ilegal.
Un detenido es, pues, una persona privada de libertad. Estar detenido es una cosa muy seria. El detenido no puede decir “espere que ahora no me viene bien”, ni puede ir a recoger a sus hijos al colegio, ni salirse a fumar un cigarro. El detenido no puede llamar por teléfono: sólo tiene derecho a que se comunique a un familiar el hecho de la detención y el lugar de ésta. Al detenido se le pueden poner las esposas. Al detenido se le puede quitar el bolígrafo, el cinturón, el mechero. El detenido no puede bajarse al bar, ni irse al trabajo, ni a comprar el pan. Al detenido le llevan y le traen, le suben y le bajan, le tienen esperando…
Ver a un detenido prestar declaración es una experiencia humana tremenda. Yo he visto muchos.
La detención es una figura necesaria en un Estado de Derecho: es el primer paso para esa defensa de la sociedad que es la justicia penal. Precisamente por eso, utilizar la figura de la detención para fines distintos de los legales, proceder a una detención sin que se den las circunstancias legales, provocar que se detenga a alguien sin motivo racional, es un delito. Un delito muy grave: la fuerza que el Estado reserva para defender a la sociedad no puede ser usada para otros fines. La libertad es sagrada, y al detenido se le priva de ella.
La detención no es ninguna broma. Y la detención ilegal es un delito muy serio.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 16 de mayo de 2006

09 mayo 2006

Derecho a morir y obligación de matar

La muerte de un pentapléjico en Valladolid no tardará en reavivar el debate sobre la eutanasia. En toda España se está profundizando en la conveniencia y utilidad de los “testamentos vitales”, y muchos interesados en el tema no tardarán en mezclar el llamado derecho a vivir dignamente con un pretendido derecho a morir.
Mientras el derecho a vivir dignamente tiene como contrapartida la obligación de proporcionar al enfermo unas condiciones de vida dignas, es evidente y lógico que un supuesto derecho a morir tendría como contrapartida para alguien la obligación de matar al enfermo.
Recuerdo un debate en el que un médico preguntaba al aire que por qué la eutanasia tenía que ser considerada un acto médico, si en realidad es lo contrario, y sugería con ironía que, de aprobarse la eutanasia, él abogaría por la competencia de las fuerzas armadas en esa materia: decía que siempre sería más barato un tiro en la nuca que cualquier intervención médica, y además tampoco se sufre.
Un poco bruto sí que era el médico aquél, pero su queja estaba plenamente justificada.
Los casos más “mediáticos” que han sido utilizados para reivindicar la legislación del derecho a morir son muy significativos: tanto Ramón Sampedro como Jorge León eran enfermos a los que la técnica médica permitía vivir sin dolor físico, ambos tenían a su disposición cuidadores cualificados, ambos escribían en Internet, recibían visitas de periodistas, podían salir si querían… pero no querían. Ese es el verdadero “quid” de la cuestión: que no querían. No se trataba de enfermos terminales retorciéndose de dolor y vomitando sangre a todas horas. La medicina hoy evita esas situaciones (que para eso está). El asunto es que no querían salir en la silla de ruedas, no querían pasear, no querían utilizar los medios que se ponían a su disposición: querían morir.
Yo creo que su enfermedad más grave era precisamente la ausencia del deseo de vivir, no la tetraplejia.
Igual que no es razonable el deseo de morir de una persona que se queda ciega, o sorda, no es razonable el deseo de morir de un tetrapléjico. Como tampoco sería razonable el deseo de morir de un condenado a veinte años de cárcel, o de un comerciante arruinado, o de un joven viudo.
Hoy la Ley permite, por ejemplo, otorgar un poder de disposición a favor de alguien para que ordene lo necesario en nuestro patrimonio en caso de incapacidad. El testamento vital también nos permite dar una serie de indicaciones sobre nuestra vida, por ejemplo, para evitar el encarnizamiento terapéutico. Y eso está muy bien: yo puedo aceptar la muerte que venga inexorable. No es lo mismo provocar la muerte, que aceptar no poder impedirla. Y el testamento vital está, entre otras cosas, para eso. Pero ni yo tengo derecho a encargar a nadie que me mate, ni nadie puede ser obligado a cumplir ese encargo.
Esta sociedad que gasta millones y millones en investigar vacunas para la gripe, no se gasta en cambio un solo euro en investigar la vacuna contra el deseo de morir.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 9 de mayo de 2006

02 mayo 2006

PSOE - CLM

La totalidad del discurso del Partido Socialista de Castilla La Mancha desde hace unas semanas viene siendo una crítica a la oposición, o sea, al Partido Popular de Castilla La Mancha. En la renuncia de José Manuel Molina a ser candidato a la Presidencia de la Junta, los socialistas parecen haber encontrado el argumento inflable, la respuesta para todo y la mejor defensa que siempre ha supuesto un buen ataque.
Lo cierto es que las elecciones no están todavía convocadas, y por tanto no tiene verdadero sentido político hablar de candidatos. De hecho los socialistas no hablan de los suyos. Pero para el Partido Socialista de Castilla La Mancha es ésta una buena ocasión de desprestigiar al PP, intentar disuadir a sus votantes, y de paso irse preparando para la prueba de fuego: en 2.007 quedará claro si Barreda es o no es Bono.
Pero las elecciones no están convocadas, y queda un año: más o menos el veinticinco por ciento de la legislatura, la cuarta parte, o sea, mucho tiempo.
Tiempo más que de sobra para que el Partido Socialista de Castilla La Mancha dé respuesta a los interrogantes que realmente los ciudadanos de esta Región les estamos planteando. Respuestas que los votantes necesitamos conocer.
Los votantes manchegos necesitamos saber si al Partido Socialista de Castilla La Mancha le parece bien que el Partido Socialista de Cataluña diga que Cataluña es una nación. Si le parece bien que el Partido Socialista de Andalucía nos haya sorprendido a todos con que ahora Andalucía es una realidad nacional. Si tiene previsto el Partido Socialista de Castilla La Mancha introducir en el próximo Estatuto que Castilla La Mancha es una realidad nacional.
Nos interesa saber si el Partido Socialista de Castilla la Mancha piensa que Arnaldo Otegi tiene un discurso de paz. Si abrazar a un terrorista es el futuro y abrazar a una víctima es el pasado. Si los asesinos merecen salir de la cárcel antes de cumplir sus condenas, por motivos políticos.
Nos interesa saber si el Partido Socialista de Castilla La Mancha es partidario de que en Castilla La Mancha se esté regando césped para golf. Nos interesa saber si el “acuerdo histórico sobre el agua” incluía también los trasvases Tajo-Segura que nos han endiñado desde entonces. Nos interesa saber porqué el Partido Socialista de Castilla la Mancha estuvo encantado con el Plan Hidrológico Nacional, y poco después encantadísimo con su derogación.
Nos interesa saber si, esta vez sí, en Castilla La Mancha afrontamos un nuevo verano con medios suficientes para apagar los incendios forestales. Queremos saber quién se equivoca: si los profesionales que reclaman más medios, o los diputados que no les escuchan.
Nos interesa saber si el Partido Socialista de Castilla La Mancha va a adoptar alguna medida para recuperar la famosa memoria histórica en esta Región. Si les parece que las heridas las cerró la transición o queda alguna otra por cerrar.
Nos vendrían bien unas cuantas respuestas a estas cuestiones. De candidatos, ya hablaremos cuando los haya.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 2 de mayo de 2006