28 junio 2006

Lo peor de algunas leyes

Lo más preocupante de la dinámica a la que el Partido Socialista está sometiendo a la sociedad española no es la cuestión territorial, ni la lucha contra el terrorismo, ni la inmigración ilegal. Esos son temas graves, problemas muy serios, pero yo creo que lo más preocupante son las concesiones legislativas en esas otras materias que raramente ocupan las portadas de los medios y que en realidad van pretendiendo introducir en la sociedad unos conceptos erróneos sobre la persona misma y su dignidad.
El llamado matrimonio homosexual, la educación sexual para la ciudadanía, la introducción de supuestas nuevas formas de familia, la paridad obligatoria y muchas otras medidas, como el proyecto de ley de identidad sexual, se nos presentan como avances sociales, como progreso cultural, como defensa de derechos, y siempre por el lado más sentimental y menos intelectual.
En realidad, lo que se pretende por esos sectores es imponer una nueva concepción de la persona y de la sociedad. Se trata de imponer la ideología de género por la vía de los hechos consumados: quieren que la sociedad entienda el sexo como un hecho meramente biológico, y el género como una construcción social artificial que nada tiene que ver con el sexo. De este modo, un sujeto del sexo masculino puede, voluntariamente o culturalmente, identificarse con el género femenino, y viceversa. No sólo eso: puede que no existan sólo dos géneros, sino muchos más, tantos como posibilidades caben en la imaginación.
Por ejemplo, de acuerdo con esta pretensión, dado que no existen diferencias reales entre la esencia femenina y la esencia masculina, puesto que esas esencias son una mera construcción cultural, por fin es posible rechazar la superioridad de uno u otro sexo. A esto lo llamo yo ingeniería efímera ideológica: si, para defender la igualdad del hombre y la mujer en dignidad y derechos, hay que promover que el hombre y la mujer dejen de considerarse hombre o mujer, lo que se pretende en realidad es negar la misma naturaleza humana. De hecho, la palabra “natural” suele molestar bastante a los promotores de la ideología de género: también lo consideran una construcción cultural.
Otro ejemplo: pretenden que “diferente” significa “desigual”, y por eso no les gusta la idea de familia tradicional: dicen que la familia es la culpable de ese sistema de clases sexo/género. Según esto, la mujer es la que da a luz a los hijos, y eso hace que sus responsabilidades sean diferentes a las del hombre: y como son diferentes, son desiguales, y por tanto están oprimidas. Lean esto: “la igualdad feminista radical significa que las mujeres, al igual que los hombres, no tengan que dar a luz… La destrucción de la familia biológica permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente… El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual” (Alison Jagger). Hala. Sin comentarios. Pero conviene tomar nota de lo que realmente se pretende, aunque al gran público se le presente por el lado sentimentaloide, cuando no mediante series televisivas de gran calidad técnica y enormemente divertidas.
Detrás de muchas iniciativas legislativas presentadas como avances sociales y triunfos de la igualdad, lo que hay es una decidida intención de cambiar el concepto de sociedad, de familia y de persona. Eso es lo peor.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 27 de junio de 2006

20 junio 2006

El consenso de Ermua

Cuando escribo estas líneas, en la Audiencia Nacional se está celebrando el juicio contra el terrorista que, según todos los datos de que disponemos y la acusación del fiscal, disparó dos tiros en la nuca a Miguel Ángel Blanco y lo mató, a sangre fría y con millones de españoles con un nudo en la garganta y otro en el estómago.
Miguel Ángel Blanco había sido secuestrado para presionar al Gobierno español: los terroristas exigían el acercamiento de los presos de la ETA al País Vasco. Un solo gesto del Presidente del Gobierno, que indicase una mínima disposición a ceder, habría bastado para que Miguel Ángel Blanco no fuera asesinado.
Durante aquellos dos días inolvidables, nadie, ni siquiera los padres de Miguel Ángel Blanco, ni su hermana, ni su novia… absolutamente nadie, ni el jefe de la oposición, ni los diputados de izquierdas ni los derechas, nadie pidió al Presidente del Gobierno que cediese al chantaje. Y Miguel Ángel Blanco fue asesinado, como muchos otros antes y después.
No hubiera querido yo estar en el puesto de José María Aznar en ese momento. La congoja, la rabia, el dolor, los sentimientos que anidarían quizá para siempre en aquel Presidente no me habrían sido soportables. El Presidente, con firmeza, con responsabilidad, con decisión, hizo lo que debía: no ceder al chantaje. Y nadie se lo reprochó. Ni entonces, ni ahora. Porque no debía ceder.
En el actual estado de cosas en la lucha contra el terrorismo, la banda terrorista ETA sigue existiendo, sigue teniendo armas, sigue teniendo matones. ETA ha declarado un alto el fuego, o sea que por ahora manifiesta su intención de no matar a nadie. Y lo ha hecho con una condición: que se negocie con ellos. Pero ETA no ha soltado la pistola: pretende negociar con la pistola encima de la mesa. Yo creo que eso es un chantaje: si negociamos, no te mato, pero si no negociamos, te mataré. En el fondo, es como si tuvieran a otro Miguel Ángel Blanco secuestrado, con la pistola del terrorista ese en la nuca, esperando que el presidente del Gobierno tome la decisión de negociar. Sólo que ahora ese Miguel Ángel Blanco no tiene nombre todavía, ni rostro: puede ser cualquiera. Puede ser cualquiera porque, si el presidente del Gobierno no accede a negociar, ETA matará otra vez.
Aquí ninguno queremos que ETA mate a nadie, como no queríamos que matase a Miguel Ángel Blanco aquella tarde. Pero aquella tarde tampoco queríamos que el Presidente del Gobierno cediese al chantaje de los asesinos. El sentimiento era unánime. Aquello sí que era consenso. Ahora ninguno queremos que ETA mate a nadie, y me pregunto si alguien quiere que el Presidente del Gobierno ceda al chantaje.
Yo prefiero el consenso de aquella tarde en Ermua. Allí todos quedamos convencidos para siempre de que el proceso sería largo y duro, pero acabaríamos con ETA. Y todos estábamos de acuerdo.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 20 de junio de 2006

13 junio 2006

Coeducación obligatoria

Una vez más, recientemente, el 11 de mayo de 2.006 para ser exactos, los Tribunales, y en concreto esta vez el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, han vuelto a declarar que un colegio, público, concertado, privado o como quiera que sea, no tiene por qué ser necesariamente un colegio mixto. En otras palabras, que es inconstitucional, ilegal e improcedente imponer la coeducación obligatoria de niños y niñas en las mismas aulas o en los mismos centros educativos. El fundamento tomado por los Tribunales viene siendo el mismo: la Constitución Española, que garantiza la libertad. Libertad de enseñanza, libertad de elegir colegio, libertad de los padres para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos.
La primera observación que merece la pena hacer es de tipo político: ¿Qué es lo que lleva a los gobiernos socialistas autonómicos a imponer la coeducación? ¿Por qué pretenden prohibir de hecho la enseñanza separada de niños y niñas? ¿Qué se entiende por libertad de elegir el tipo de educación?
Hubo un tiempo en que todos los colegios eran de educación separada: no había libertad para elegir un colegio mixto, porque no había colegios mixtos. En una dictadura es lógico que no haya libertad, en eso consisten las dictaduras. Ahora estamos en democracia, en Estado de Derecho, y sigue sin haber libertad, sólo que en el sentido contrario: ahora no se puede elegir un colegio de enseñanza separada. El resultado, políticamente hablando, es el mismo: no hay libertad para elegir. Por eso los Tribunales, también el de Castilla la Mancha, vienen anulando todas las disposiciones que pretenden imponer la coeducación. Tomen nota los políticos: libertad, libertad, libertad.
El Parlamento de Castilla la Mancha ha adoptado hace un mes un sorprendente acuerdo: seguir fomentando la coeducación. Sorprendente, en primer lugar, porque lo que debería promover el parlamento regional es la libertad, o sea, la libertad para elegir coeducación o educación separada. Sorprendente, en segundo lugar, porque ese acuerdo se adopta en el marco de una normativa contra la violencia escolar y en favor de la convivencia: como si la educación separada por sexos acarrease violencia escolar. Pues mire, hombre, mire usted los datos de violencia y falta de convivencia en los centros mixtos que usted lleva años promoviendo, y mire luego los datos de los pocos centros de educación separada que hay en la región, a ver qué pasa. No es por nada, pero la violencia escolar y los problemas de convivencia están surgiendo hoy más que nunca, cuando llevan ustedes años empeñados en la coeducación. No es que la coeducación conlleve violencia escolar. Pero desde luego tampoco la conlleva la educación separada. No tiene nada que ver, es verdad. Pero, si no tiene nada que ver, ¿por qué las Cortes Regionales meten la morcillita de la coeducación obligatoria en una norma contra la violencia escolar?
La coeducación tiene aspectos muy buenos. La educación separada también. Y la Constitución garantiza libertad. Pues hagan el favor los políticos de respetar esa libertad.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 13 de junio de 2006

06 junio 2006

El catecismo socialista

Es difícil acordarse de quién dijo qué, y cuándo lo dijo, en un tiempo como éste en el que cada mañana se asoma uno a los medios de comunicación con más miedo, como por una rendija y dispuesto a esconder la cabeza rápidamente, no vaya a ser que nos hieran las noticias y nos dejen el día maltrecho, pero con la esperanza puesta en que vengan los buenos a salvarnos. Tanto destrozo presenta la actualidad española después de una jornada normal en la que se han ido sucediendo declaraciones y hechos nuevos, que parece que el tiempo pasase muy rápido.
Pues el caso es que hace poco, y no sé quién, dijo algo así como que el Gobierno no tiene que cumplir el catecismo, sino su programa electoral.
Yo comprendo que no quieran cumplir el catecismo (aunque no les vendría mal: el catecismo está lleno de cosas buenas), pero ni comprendo ni acepto que no quieran cumplir su programa electoral. Yo se lo voy a recordar.
En la página cuarenta y seis de su edición oficial, el programa electoral del Partido Socialista comienza un apartado denominado “Todos contra el terrorismo; todos con sus víctimas”. Pregunto: ¿seguro que todos? ¿seguro que con las víctimas? ¿por ejemplo el próximo sábado en la manifestación en la plaza de Colón?
Del terrorismo dice el programa: “Su presencia –vil y cruel- se mantiene viva en los atentados, chantajes y amenazas que, con mayor o menor frecuencia y mayor o menor gravedad se siguen produciendo”. Que se sepa, el chantaje y las amenazas “se siguen produciendo”: la tregua no es sino un gran chantaje, pues significa que ETA dice “si negociamos, dejaré de matar”, lo cual es lo mismo que decir “si no negociamos, seguiré matando”. Y eso es un chantaje.
La política contra el terrorismo de ETA ha sido eficaz siempre que el criterio ha sido el de “primero disuélvanse, y luego hablaremos”. Por eso sigue diciendo el programa electoral del PSOE: “Nos comprometemos a la observancia estricta de la Constitución y por tanto rechazamos cualquier negociación que implique el pago de un precio político democrático por el fin de la violencia”. Es por eso por lo que, unas líneas antes, el texto programático socialista ha dicho: “Nada ha dado ni dará mejores frutos para la erradicación definitiva del terrorismo que la combinación de la acción policial decidida y constante, la eficaz cooperación internacional, la movilización de los ciudadanos y la unidad de los demócratas”. Como ven, de dialogar con ETA o con Batasuna no se dice nada: ni siquiera encajaría en el contexto.
Dice también: “Nos comprometemos al cumplimiento escrupuloso y estricto del Pacto de Estado por la libertad y contra el terrorismo” y “nos comprometemos a mantenerlo vivo y en vigor hasta la derrota total de ETA o su disolución efectiva”.
Otra cosa curiosa: habla el programa de “diálogo”, pero de “diálogo entre el gobierno de la Nación y el gobierno del País Vasco con el objetivo de comprometer la acción conjunta de ambos en la lucha contra el terrorismo en todas sus manifestaciones y para la coordinación de todas las fuerzas y cuerpos de seguridad”.
Lo dicho: comprendo que no quieran cumplir el catecismo pero, al menos que se lean su propio programa.
Y si no, que hagan otro y convoquen elecciones.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 6 de mayo de 2.006