18 julio 2006

Un año del incendio

Ya he dicho varias veces que no soy partidario de echarle los muertos a la cara a nadie, salvo a los terroristas, a los homicidas o a los asesinos. Menos aún cuando las muertes son consecuencia de una catástrofe. Las cosas pasan, y a veces esas cosas que pasan son desgracias. Misión de todos es prevenir, en la medida de lo posible, que no sucedan desgracias. Y esa misión le corresponde en mayor medida a quien tiene la función de gobernar.
Yo me fui de la manifestación contra la guerra de Iraq en cuanto escuché el primer “Aznar asesino”, porque Aznar no mandó ni un solo soldado a la guerra. Lo de “asesino” se escuchó también en otras manifestaciones, incluso en las del Prestige. Por cierto, que en el Prestige no hubo muertos y al cabo de un año estaba todo limpio. Cada cual es cada cual.
Hace un año, en Guadalajara se declaró un incendio que terminó costando la vida a once personas, miembros de los retenes de extinción de incendios. Fue una de esas desgracias que a veces pasan. Nadie quería que aquello sucediese. Pero el hecho es que sucedió. Las familias de los fallecidos no van a recuperar a sus seres queridos, y nada de este mundo les va a consolar ni a compensar.
Cabe preguntarse, entonces, a qué viene que haya amplios sectores sociales de Castilla la Mancha que sigan dando vueltas al tema del incendio. Hablo de los familiares de las víctimas y de otras muchas personas, políticos y no políticos, que todavía buscan datos sobre aquellas jornadas de tragedia. A veces se oye a los políticos decir que las víctimas tienen derecho a todo, a decir todo, a quejarse de todo. Algunos lo dicen como se le dice que sí a un niño pesado, pero sin ninguna intención de hacerle caso. Y eso no es correcto: habrá que saber todo lo que sea preciso, todo aquello que pueda interesar. Hacen falta respuestas. Por eso este tema sigue en pie, por eso se le sigue dando vueltas.
Yo quisiera que el Grupo Socialista de las Cortes de Castilla la Mancha y el Gobierno sostenido por él y presidido por José María Barreda se tomen la molestia de hacer un poco de memoria. El 31 de marzo de 2.005, es decir, poco más de tres meses antes de la tragedia, la diputada regional socialista Ana María Garrido González decía en la Cortes Regionales lo siguiente: “El Grupo Socialista cree que los medios y los recursos que se ponen a disposición de la campaña de prevención y lucha contra incendios son, de acuerdo con nuestras posibilidades, suficientes”. Según el diario de sesiones, los señores Diputados del Grupo Socialista aplaudieron esta intervención. Era que el Partido Popular había advertido de la necesidad de dotar de más medios a los servicios de prevención y extinción de incendios. La respuesta fue, a todas luces, bastante insensata.
No se puede responder así. Si el Partido Socialista pensaba que los medios eran suficientes, y la experiencia demostró que no lo eran, alguien tendrá que responder. Y hasta ahora nadie ha respondido.
Es tarea de todos prevenir que no sucedan las desgracias. Pero sobre todo es tarea del Gobierno Regional y del Parlamento que lo sustenta y lo controla.
¿Eran suficientes los medios? ¿Son suficientes hoy?
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 18 de julio de 2006

11 julio 2006

Los derechos humanos de la familia

Al clausurar el Quinto Encuentro Mundial de las Familias, el Papa Benedicto XVI no ha dado puntada sin hilo, y no ha perdido ocasión, desde que llegó hasta que se fue, de recordar algo muy importante: “La familia es el elemento natural fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.
Es curioso: lo que les he entrecomillado en el párrafo precedente lo ha dicho el Papa con palabras iguales o similares en varias de sus intervenciones en Valencia el pasado fin de semana, pero lo que yo les he copiado es el párrafo 3º del artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En el mundo de hoy puede parecer que lo de los Derechos Humanos es una cosa para que los dictadores no torturen a los presos políticos. También lo es, pero la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un marco de libertad, de paz y de justicia que se considera indispensable para que los hombres y las mujeres puedan vivir conforme a su dignidad de personas.
Es muy significativo que, lo que el Papa sugirió como reflexión a los poderes legislativos el sábado por la noche en el discurso de clausura del Encuentro de las Familias, sea, en el fondo y casi en la forma, un trocito de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Quizá es que el Papa sospecha que más de un legislador hace mucho que no se repasa los derechos humanos.
La familia es elemento natural, elemento fundamental, es sujeto de derechos, y en concreto tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Veamos.
Parece evidente que “familia natural” no es la unión de dos personas del mismo sexo: por mucho que dos señores con barba se amen profundamente, la naturaleza no ha dotado a ese amor de la posibilidad de constituir una familia. Son dos señores con barba muy dignos, muy dueños de quererse mucho, muy merecedores del respeto de todos, pero no pueden ser papá y mamá como resultado de su amor. La familia natural es la del hombre con la mujer, de cuya unión nacen los hijos.
El hecho de que la familia sea considerada “elemento fundamental de la sociedad” tiene, a mi entender, un doble significado: por una parte, que la familia es una sociedad en pequeño: una comunidad básica en la que el hombre nace y recibe sus primeras nociones de sí mismo y del otro; y por otra, que la familia es, como también ha recordado el Papa, un organismo intermedio entre el Estado y el individuo, y por lo tanto actúa como expresión común de los individuos, pero también como defensa del individuo ante posibles intromisiones del Estado. Quizá esto último es lo que más le molesta a más de uno.
Seguimos. La familia como titular del derecho a ser protegida por el Estado y por la sociedad. Por supuesto que hacen falta medidas fiscales, económicas y sociales; pero mucho me temo que en España estamos ahora mismo en un estadio bastante anterior y bastante más urgente. Al igual que parece paradójico que se hable de sociedad del bienestar en un mundo que permite el aborto y que reclama la eutanasia, no es menos contradictorio que se pregonen ventajas para las familias cuando realmente se está legislando en contra de la existencia misma de la familia, pues no otra cosa es poner en un supuesto plano de igualdad a una pareja homosexual (que no es una familia natural) con un matrimonio (familia cien por cien natural), o pretender que corresponde el mismo trato a dos señores con barba que se aman mutuamente, que a un matrimonio que tiene hijos y los educa en un entorno natural y fundamental para la sociedad.
Así pues, la familia, esa que se define como natural y fundamental, es una cuestión de interés público. Lo otro no. Lo otro es una cuestión privada en la que allá cada cual.
Legislar contra la familia natural y fundamental es contrario a los derechos humanos.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 11 de julio de 2006

05 julio 2006

El Papa en Valencia

El Papa Benedicto XVI viene a España a clausurar el quinto Encuentro Mundial de las Familias, que se está desarrollando ya en Valencia toda esta semana. Fue Juan Pablo II quien instituyó estos encuentros y quien señaló Valencia como sede para este año, y el Papa Ratzinger ha asumido con gusto el compromiso de su antecesor.
Siempre que hay un evento de multitudes en España organizado por la Iglesia Católica, algunos periodistas y analistas en general buscan una vertiente “política”. Es normal.
En este caso, habiendo el Gobierno socialista desoído tres millones de firmas que pedían la formación religiosa tratada como asignatura para quien así lo solicitase, habiendo aportado el mismo Gobierno como medida a favor de la familia el divorcio exprés, y habiendo dado carta de matrimonio a uniones meramente afectivas del mismo sexo, no puede decirse que la Iglesia esté cómoda en España con este Gobierno, ni que el Gobierno esté cómodo con la Iglesia.
Esos mismos analistas buscarán dobles mensajes en los discursos de los políticos y en las alocuciones y homilías del Papa. Porque el Papa, principalmente, lo que va a pronunciar es una alocución el sábado por la noche y una homilía el domingo por la mañana. Es a lo que ha venido: a hablar a las familias del mundo (es un encuentro mundial) y a hablar al mundo sobre la familia.
Los discursos y comentarios de los políticos son perfectamente previsibles en su contenido respetuoso en las formas y poco agresivo en los contenidos. Lo importante serán, ya vienen siendo, los hechos.
Por su parte, el Papa tampoco viene a decir nada nuevo: dirá lo que es doctrina en la Iglesia desde siempre. Pero, además, el Papa rezará en Valencia por las familias, rezará con las familias, ofrecerá la Misa por las familias. Ese es el principal propósito de Benedicto XVI, que viene pidiendo a los cristianos, desde hace meses, que recen por los frutos espirituales de estas jornadas de Valencia. Porque de esa oración por la familia, de esa reflexión sobre la institución familiar y de esos actos organizados, lo que esperan la Iglesia y el Papa es fruto espiritual: desde la renovación personal del compromiso de amor de cada matrimonio, hasta la toma de conciencia de los padres como primeros educadores, pasando por el “santuario de la vida” que es cada familia. Habrá menciones a la familia de Jesús, María y José, a la educación, al respeto a la vida, al cuidado de las personas enfermas, a la unión de hombre y mujer como fundamento de la vida familiar, a la atención del hogar como verdadera profesión.
Los políticos dirán después lo que quieran, y luego harán lo que les dé la gana. Por eso lo principal es que usted y yo, querido lector, nos enteremos bien de lo que dice el Papa, y luego actuemos en consecuencia, también exigiendo a los políticos lo que tengamos que exigirles.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 4 de julio de 2006