31 agosto 2006

Gustavo de Arístegui

Gustavo de Arístegui aprendió hace muchos años a convivir con las amenazas de la gente fanática y violenta. Lo aprendió en ese País Vasco en el que, aun hoy, algunos no acaban de darse cuenta de que no hay libertad sin respeto a las ideas y a la vida de los otros, de todos. Lo aprendió también en los destinos diplomáticos de su padre, y en los suyos propios. En su casa saben lo que es el terrorismo y lo que es la muerte.
Desde su cargo de Portavoz de Exteriores del Partido Popular en el Congreso, Gustavo de Arístegui viene aportando al debate político no sólo ideas, sino datos, nombres, fechas y citas que conoce a fondo. Es un diplomático de pura raza, estudioso desde joven, inteligente, leído, viajado y con idiomas.
Los tiempos han obligado a Arístegui a decir públicamente lo que sabe y lo que piensa: ha escrito libros y artículos, y ha pronunciado conferencias e intervenido en mil debates públicos por todo el mundo, enseñando a distinguir el Islam de algunos islamistas, advirtiendo del peligro del islamismo radical violento, demostrando con hechos sus tesis.
Gustavo de Arístegui está ahora en el punto de mira de los terroristas islámicos. Esto es muy sencillo: Gustavo sólo ha dicho lo que sabe y lo que piensa. Con la amenaza, lo que buscan es que no lo diga. Y se equivocan incluso en la estrategia. Este político diplomático no es de mala madera. Hay políticos que sólo hablan de lo políticamente correcto. Otros, sólo hablan cuando su partido les deja. Otros, sólo dicen lo que les han dicho que digan. Gustavo no: Gustavo tiene ideas propias, elaboradas con información de primera mano, con estudio profundo, con lecturas especializadas, con la herramienta de la madurez personal. Gustavo es un hombre que aporta.
Pero, sobre todo, Gustavo de Arístegui es un político con una enorme vocación de servicio público. Algunos dicen que es un diplomático que se dedica a la política, pero yo creo que es un político criado en roble diplomático.
Estas cualidades personales de Gustavo de Arístegui le dan credibilidad. Pero hay algo que, además, le da autoridad moral: su coherencia, su integridad, su compromiso con la verdad, su amor al bien común. Gustavo podría dejar de hablar y de escribir, y viviría mejor, más tranquilo, más descansado. Podría esconderse, dejar pasar un tiempo. Podría dedicarse a lo que quisiera. Pero es un hombre entero, valiente y generoso que hizo ya su opción, y va a seguir, leal, por un camino que siempre termina bien.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 29 de agosto de 2006

No era una familia

Fui al quiosco a por el periódico y, mientras esperaba a que terminase de encontrar el euro la señora que acababa de comprar una revista de cotilleos, se me quedó prendida a los ojos la frase que ocupaba el titular de portada de la citada revista. Decía: “Fulanito y Menganita, con la hija de ésta última, una familia feliz”. Y la foto captaba una escena veraniega de una señora famosa recién divorciada, con su hija (suya y de un tercero) acompañadas en sus juegos acuáticos por un señor que al parecer últimamente es amigo de la madre. Y esa era la “familia feliz”.
A lo mejor eran felices, no lo sé y no tengo por qué dudarlo ni por qué afirmarlo: el único indicio que la foto captaba eran sonrisas, que no necesariamente son síntoma de felicidad. Pero desde luego sí me consta que no eran, ni son, una familia. El señor que aparecía en la foto no tiene ningún lazo familiar ni con la niña ni con la madre. Es posible que quiera mucho a la niña, y es posible que quiera mucho a la madre, pero ni es padre de la niña, ni es marido de la madre. Por lo tanto, no era una familia.
Hace algunos meses, millones de españoles nos manifestamos en la calle contra la reforma del Código Civil que introdujo el vínculo matrimonial civil entre personas del mismo sexo. Decíamos que defendíamos la familia. El tiempo va demostrando que teníamos razón, y la seguimos teniendo.
Desde el momento en que se da la consideración de matrimonio a una pareja de individuos del mismo sexo, e incluso se les permite la adopción de hijos, cualquier forma de convivencia puede ser llamada “familia”, y eso es un error que lleva, por ejemplo, a que aquella revista denomine familia a un grupo compuesto por una mujer y su hija, más un señor sin vínculo alguno, y por tanto sin derecho ni obligación ninguna, con ninguna de las dos.
Lo de los “modelos de familia” es una corrupción del lenguaje que nos puede llevar a la corrupción de los conceptos. La familia es el padre, la madre, y sus hijos. El matrimonio es uno y una que se unen para siempre abiertos a la transmisión de la vida. Salirse de ahí es ir contra la naturaleza y la biología.
Si yo aceptase que aquello era una familia, o que es posible el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres, no encontraría argumentos para negar el derecho a casarse, por ejemplo, a una señora con su hijo, o a un hombre con su hermano. No los encontraría porque no los hay.
Compré el periódico y me fui a comer con mi familia.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 22 de agosto de 2006

Matar un poco

No es Fidel Castro el único mandamás que tiene encerrados, sin previo juicio justo, a cientos o miles de personas. El gobierno de los Estados Unidos tiene Guantánamo, y existen serias sospechas de que hay más guantánamos secretos por Europa. Tampoco es el único.
Tener a una persona privada de libertad y sin posibilidad de desarrollarla y ejercerla es un atentado contra toda la humanidad.
Decía Víctor Hugo que no se puede mentir sólo un poco, que “el que miente dice toda la mentira”. Pues yo creo que no se puede matar sólo un poco, que el que mata, mata la dignidad humana.
Y eso, matar la dignidad humana, es lo que está sucediendo en varias clínicas y laboratorios, públicos y privados, con miles de seres humanos. Cada vez que hay un supuesto avance científico como consecuencia de la experimentación con embriones humanos, a la opinión pública se le presenta sólo el fin, y no los medios. Nos presentan a un niño recién nacido perfectamente sano, y nos dicen que ha nacido sano gracias a un proceso de experimentos embrionarios. Pero no nos lo cuentan todo: no nos dicen que, para que ese niño nazca, han destripado a unos cuantos compañeros suyos de tubo de ensayo, que no tuvieron la suerte de ser seleccionados por no sé quién. Porque eso de las fecundaciones en laboratorio conlleva siempre que, a los embriones que no sean elegidos, se les aparte para ser destruidos, para ser almacenados, o para hacer experimentos. Un guantánamo en plena España, en plena Europa, en pleno siglo veintiuno. Miles de seres humanos en fase embrionaria, condenados, sin un juicio justo, sin ninguna garantía y, lo que es peor, sin ningún motivo.
Hablábamos el otro día del cuidado que hay que tener con esas cosas que “vienen bien” a la sociedad. Esos avances que producen un aparente beneficio al mundo. ¿A qué precio? Porque si el precio que hay que pagar es la devaluación de la dignidad de la vida humana, de toda vida humana, el beneficio será sólo aparente. No se puede matar sólo un poco: el que mata tira por tierra toda la dignidad humana.
Ya pueden aprobar los diputados (mientras algunos dueños de clínicas se fuman un gran puro) leyes que hagan legal ese experimento. También experimentaban Hitler o Stalin, y antes lo hacían con los negros sifilíticos en USA. Y era legal. Pero se llegó a tales barbaridades, que ahora Hitler es innombrable, Stalin está en su sitio, y hasta Clinton pidió perdón a los negros. Porque todo aquello era inhumano.
No se puede tratar a los seres humanos como si fueran cosas. No se debe experimentar con los embriones, ni meterlos en guantánamos.
No se puede matar sólo un poco.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 15 de agosto de 2006

Venir bien

Hace falta, en estos tiempos de valores y más valores, recordar que hay valores y valores, y que el primero de los valores es la persona humana, su dignidad, su vida, sus derechos.
Qué duda cabe que a la sociedad le viene muy bien que los islamistas radicales violentos no maten ni hagan esas barbaridades que vienen haciendo… pero eso no quiere decir que tenga que existir un Guantánamo donde se mantiene a la gente encerrada, incomunicada, sin juicio, sin cargos, sin leyes. La dignidad humana exige que se castigue al culpable, pero juzgándole en un juicio justo. Porque, si nos saltamos las normas aunque sea por una supuesta “buena causa”, estamos dejando desprotegida a la persona.
Qué duda cabe que a la sociedad le viene muy bien que no haya enfermos terminales: ocupan sitio, gastan presupuesto, afean el paisaje humano… y además sufren. Pero eso no quiere decir que haya que eliminar a los enfermos: habrá que eliminar la enfermedad y poner todos los medios para que los enfermos sufran menos, ocupen el lugar que en la familia les corresponde, se gaste en ellos lo que haya que gastar, y no hagan feo el paisaje humano inventado que nos estamos fabricando, ese paisaje que no admite sufrimiento ni personas defectuosas.
Qué duda cabe que a la sociedad le viene muy bien que los matrimonios sean duraderos, estables, fieles. Pero eso no quiere decir que si un matrimonio atraviesa una temporada menos buena, haya que ponerle delante inmediatamente un papel para firmar un divorcio exprés. Habrá que poner en marcha políticas familiares eficaces, habrá que mejorar la educación, habrá que detectar lo que perjudique a la salud. Nunca entenderé por qué está prohibido tirar basura a la calle, y sin embargo no está prohibido meter basura por la tele. A lo mejor hace más daño esta última.
A la sociedad le vienen muy bien muchas cosas, pero se necesita tener muy claro que lo primero es la persona y su dignidad para no cometer errores que pueden ser terribles.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 8 de agosto de 2006

02 agosto 2006

Asignatura de Religión

Por si les interesa a los lectores, y supongo que les interesará a todos, sepan que hay en marcha varias iniciativas para impedir que el Gobierno adoctrine ideológicamente a los niños mediante la nueva asignatura “Educación para la ciudadanía”. Esas iniciativas van desde el acogimiento a la objeción de conciencia hasta el ejercicio natural del derecho a educar uno a sus hijos.
He estado repasando el volumen que el Ministerio de Educación de la señora Sansegundo preparó como “propuesta” del Gobierno para un debate sobre la educación. Al llegar al capítulo de la enseñanza de las religiones me encuentro con que se dicen en ese libro unas cosas que son completamente inexactas, y aquí voy a comentar algunas.
Se dice que “las convicciones religiosas o la ausencia de ellas tienen un carácter privado”, y acto seguido se recuerda que el artículo 27.3 de la Constitución garantiza “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban una formación que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Dicho así, suena muy bien y es muy fácil y barato concluir que no debe ofrecerse en la escuela una educación religiosa confesional.
Lo que sucede es que no son ciertas ninguna de las dos cosas. No son ciertas porque son incompletas.
En primer lugar, si se está hablando de educación religiosa no procede confundir términos: las convicciones religiosas son una cuestión personal, en efecto (otra cosa es la trascendencia pública que esas convicciones tengan); pero la educación religiosa no es una cuestión personal sino un derecho de los padres que es perfectamente exigible. En la Constitución se habla de la religión en dos lugares: en uno, para garantizar el derecho a la educación religiosa, y en otro para garantizar la libertad de religión y de culto. Como ya ha dicho por muchos estudiosos, estamos ante dos derechos distintos, y ambos garantizados por la Constitución. Por tanto, lo correcto es afirmar que el derecho a que los hijos reciban la educación religiosa acorde con las convicciones de sus padres no es en absoluto una cuestión privada, sino un derecho fundamental. Si será inexacto el libro del Ministerio que ni siquiera tiene valor para transcribir correctamente el artículo 27.3 de la Constitución, y habla sólo del derecho de los padres a elegir “una formación que esté de acuerdo con sus propias convicciones” cuando la Constitución lo que dice es “la formación religiosa y moral” que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
En segundo lugar, me encuentro en el mismo capítulo del ya citado libro con otra afirmación completamente incierta: se dice que “la obligación que tiene el Estado de ofrecer enseñanza religiosa en las escuelas deriva de los acuerdos suscritos con la Santa Sede y con otras confesiones religiosas”. Y eso no es cierto. La obligación que tiene el Estado de ofrecer enseñanza religiosa en las escuelas deriva de la Constitución Española de 1.978, que reconoce el derecho de los padres a exigirla, y por tanto la obligación del Estado de ofrecerla.
No se puede privar a los ciudadanos del ejercicio de sus derechos así por las buenas, a base de retorcer las leyes. Y eso lo está haciendo el Gobierno español con las leyes de educación. Yo, desde luego, no me fío para nada del Ministerio de Educación ni de esa asignatura que está preparando de Educación para la Ciudadanía.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 1 de agosto de 2006

Zurra

Posiblemente la mejor noticia del verano es que la guarrería esa que venía sucediendo en El Prado todos los años con la excusa de La Pandorga, ya no ocurrirá en pleno centro de Ciudad Real sino en el recinto ferial.
La zurra, que es como en Ciudad Real llamamos a esa bebida refrescante a base de vino que en otros sitios se denomina limoná o sangría, es una tradición muy saludable. Lo que no era nada saludable era juntarse miles de personas en un jardín tan pequeño y tan cuidado como El Prado, justo a la fresca de los cuarenta grados de las cuatro de la tarde, dispuestas a pasarlo bien. Si esas cosas se hacen en un lugar así, tanta gente, con ese calor, con esas ganas de juerga y con vino de por medio… el resultado venía siendo nefasto: gente borracha, comas etílicos, lipotimias, golpes de calor, micciones públicas en la hierba, en los paseos, en las esquinas, en los portales, en los árboles; basura por todas partes: bolsas, botellas, plásticos, cristales, trozos de camiseta, vómitos. Y todo eso, en El Prado, en pleno centro, encima de un jardín. Civilización, vamos.
Ha dicho el Alcalde que eso se acabó. Para eso están los alcaldes: para velar por la seguridad de los ciudadanos, la salubridad de las ciudades, y el desarrollo cultural de las gentes. Dicho en plata: han prohibido la zurra en El Prado, y han hecho muy bien. Ya era hora.
Para la mayoría de los participantes, esa fiesta de la zurra es una ocasión de pasarlo bien y disfrutar con los amigos de ese invento centenario que es el vino. La fiesta es tan buena que atrae a muchísima gente, y ya no puede ser en El Prado. Por eso la han trasladado de sitio: el recinto ferial es un lugar más adecuado por ser más grande, más seguro, más fácil de limpiar y más difícil de estropear.
Todos los lugares tienen su aforo máximo. En todas las ciudades se prohíbe ensuciar la calle. El patrimonio local ha de ser protegido. Las autoridades tienen que velar por la seguridad de los ciudadanos. Esto lo entiende todo el mundo.
No faltará quien proteste. Nunca falta quien proteste. De hecho, protestar es bueno: es un derecho de todos.
Pero hay una cosa clara: lo de la zurra en El Prado era una cosa impresentable, sucia, peligrosa, maloliente, sudorosa, perjudicial, incívica e insana. Y eso había que arreglarlo.
Gracias, Alcalde, por imponer el sentido común.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 25 de julio de 2006

Rosa Romero

Pues el Partido Popular ya tiene candidata a la Alcaldía: Rosa Romero. Como muy bien dicen sus adversarios políticos, Rosa ha sido Diputada en el Congreso, Senadora, Diputada Autonómica de Castilla la Mancha y Concejal de Ciudad Real. Eso, en lo que a cargos de elección ciudadana se refiere. En su propio partido es actualmente Presidenta provincial en Ciudad Real y ha pasado por distintos cargos, entre los que destaca la coordinación de política local y autonómica de la Junta Directiva Nacional del Partido Popular.
Es lógico que los dirigentes socialistas quieran ver el currículum vitae de Rosa Romero desde su propia perspectiva, pero lo cierto es que los datos son los datos: Rosa Romero tiene una experiencia política muy por encima de la media manchega. Y además es mujer. Y además tiene treinta y seis años. Y el Partido Popular pone al servicio de Ciudad Real el frescor joven de esa mujer preparadísima. Es bueno que opte a la alcaldía una persona con ese bagaje.
A esta apuesta popular por la juventud y la experiencia hay que añadir la claridad de ideas. Los votantes de Ciudad Real saben lo que piensa Rosa Romero: saben de su identificación con el programa del Partido Popular para España, liderado por Mariano Rajoy, y de su identificación con el proyecto autonómico que ya ha puesto en marcha María Dolores de Cospedal para Castilla la Mancha. Me temo que Rosa va a ser la única candidata a la Alcaldía de Ciudad Real que pueda presumir de unión con sus siglas en los grandes temas nacionales.
Algo se mueve en el Partido Popular: Rosa Romero representa una generación joven de centro-derecha, sensata y responsable, y capaz de mantener viva la ilusión de esa mayoría natural manchega, moderada, sincera, pero fuerte en sus convicciones y leal a su proyecto.
Rosa Romero sabe que aquí los ciudadanos votan mayoritariamente al Partido Popular en las elecciones generales, y asume el compromiso de elevar los votos locales, como mínimo, al nivel de sus siglas nacionales. Capacidad tiene. Apoyos también.
Había que buscar una persona capaz de recoger el testigo que deja Gil-Ortega, y en el PP han echado mano de una mujer valiosa. Rosa Romero sabrá formar equipos, sabrá aprovechar la herencia de su predecesor y ofrecer a Ciudad Real una renovación ilusionante. Una mujer nueva para una ciudad nueva.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 22 de julio de 2006
Diario Lanza, 22 de julio de 2006