26 septiembre 2006

El ajo y el pollo

Negar una afirmación o un razonamiento aludiendo sólo a alguna cualidad o defecto de la persona que lo formula es un tipo de falacia denominado generalmente “argumentum ad hominem”. El ejemplo clásico de argumento “ad hominem” es: Fulano afirma “A”; Fulano tiene tal defecto; luego “A” es falso.
Como ven, el razonamiento “ad hominem” no se tiene de pie.
Eso no quiere decir que “A” tenga que ser cierto pero, desde luego, si es falso no lo es porque lo haya dicho fulano, sino por otra causa que habrá que razonar.
Vamos, que el ataque personal está muy feo. Se descalificaría por sí mismo quien pretendiese convencer de la bondad o maldad de una idea, de un proyecto o de un programa y, como única razón, aludiese a las características personales del autor de la idea.
Sería muy zarrapastroso intentar desacreditar a un político por ser padre superprotector, o porque tiene fobia al hipermercado. En el primer caso, ser padre superprotector no necesariamente conlleva la ineptitud para gobernar, y en el segundo tampoco. Y, si además, realmente no hay tal fobia, más zarrapastroso todavía.
Sería una lástima que ese tipo de argumentaciones tan pobres y raquíticas impidiesen el debate que de verdad interesa: el del asunto de fondo. Aquí se dice mucho eso hacer más caso al ajo que al pollo. Pues eso.
La gente que se interesa por los asuntos públicos, se interesa por eso: por los asuntos públicos, y le traen al fresco tanto las cosillas personales de la gente como las cosas colaterales que se le puedan escapar a, o dejen escapar, los personajes públicos.
Afortunadamente, esta democracia va madurando, y cada vez son menos las polémicas absurdas. Y cuando son, son breves, que es lo menos malo.
Abreviemos, pues, y vengan las propuestas, los argumentos serios, los pensamientos distintos, los diferentes puntos de vista. Ahí está la riqueza y la ventaja.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 26 de septiembre de 2006

Sobresaliente, señora ministra

El Ministerio de Sanidad está desarrollando una campaña informativa muy interesante para evitar que la mala costumbre de fumar se extienda o perjudique a los niños.
La campaña presenta fotografías de varios niños, uno tras otro, y va diciendo: “Fulanito fuma doce cigarrillos”, “Menganita ya lleva dos paquetes”. Lógicamente, el rechazo al perjuicio que se produce en la salud de los niños si les atufamos del humo de nuestros cigarrillos es inmediato.
Una de las fotos, en vez de un niño de años, presenta la tripa de una señora embarazada. Al crío que esa señora lleva dentro también se trata de defenderle del tabaco, como es natural.
Alegra que el Ministerio de Sanidad incluya en sus campañas la defensa de los niños no nacidos, o sea los que están todavía en el seno de su madre. Y más alegra comprobar que en esa campaña se les trata como seres humanos, o sea como lo que son. Bienvenida, señora Ministra, al sentido común.
Sí: hay que proteger a esa persona humana que ya se ha formado en el seno materno y que nacerá dentro de unos meses. Sobresaliente, señora Ministra. Pero no les proteja sólo de lo políticamente correcto.
Sería muy informativa una campaña similar, con fotos de niños y niñas de ocho añitos, que dijese: “A fulanito le han cortado un brazo para hacer un experimento”, “A menganita la vamos a matar porque es una niña sobrante”, intercalando fotos de eso que en el Ministerio de Sanidad algunos llaman pre-embrión y que en realidad no es, como muy bien dice la campaña anti-tabaco, sino un ser humano, una persona, un indefenso al que hay que proteger.
Emilio Sanz
La Gaceta de los Negocios, 25 de septiembre de 2006

05 septiembre 2006

Prietas las filas

Estuvo muy fina la presidenta regional del Partido Popular cuando se refirió a lo que pasa en Castilla la Mancha como “un auténtico régimen”.
Después de casi treinta años de gobierno de un mismo partido, el Socialista, con unas estrategias políticas más que hábiles en materia de propaganda y ayudas oficiales, la región se encuentra sumida en eso que algunos han definido como anestesia política.
Un botón de muestra es lo de “la mejor comunicada”: un eslogan que ha estado luciendo durante meses como fondo en infinidad de actos oficiales de la Junta, en anuncios de radio y en discursos baratos. Lo cierto es que las capitales de Castilla la Mancha siguen sin estar unidas, ni por autovía, ni por tren, ni siquiera por la Ruta de Don Quijote, que esa es otra. Pues nada, oficialmente, la mejor comunicada.
Otro botón puede ser lo de las fotos. Como al Presidente o al último Consejero se les ocurra reunirse con alguien para algo, foto que te crió. Se pretende dar la impresión de que el Gobierno Regional cuenta con la ayuda, la complicidad, o el apoyo de la sociedad civil, y para eso es necesario que, ya sea con el asunto del agua, ya sea con un “pacto por la educación” o un “pacto por lo que sea”, el fotógrafo oficial esté presente y envíe urgentemente al servicio de prensa de la Junta la instantánea, la foto de familia, siempre llena de gente, pero que siempre son los mismos. Ya puede ser un asunto sobre los cereales, que allí aparecerán representantes de empresarios, maestros, sindicatos, taxistas y demás gremios. Y como encuentren una monja que pasaba por allí, la cuelan también, y así los socialistas de Castilla la Mancha no somos como los de antes, aunque votemos a pié juntillas el Estatuto de Cataluña, el matrimonio gay y lo que mande el jefe.
Lo inexplicable es que haya gente que se preste a semejante espectáculo. Hay personas, empresarios, sindicalistas, que aparecen en todas las fotos: deben de pasarse media vida en Fuensalida. Algunos incluso han asistido a reuniones del Consejo de Gobierno. Son como uno más del régimen. No tienen más remedio que serlo: o colaboras o no te recibo más veces, o no te escucho, o no te convoco. La culpa no es de ellos. La culpa es del régimen.
Un Gobierno Regional que no reconoce sus carencias, que no acepta la crítica, que gasta un dineral en propaganda, que dificulta la labor de la oposición, y que lo hace durante treinta años, es un Gobierno instalado en un régimen.
Y eso hay que cambiarlo, porque nos estamos perdiendo lo mejor de la convivencia democrática.
El Día de Ciudad Real, 5 de septiembre de 2.006