13-M
A mí, como a todos los lectores, el 11-M de hizo mucho daño. Ver y oír el terror de aquellos atentados me dejó sin habla, sin fuerza y sin hambre. Sólo podía rezar: por los muertos, por sus familias, por los bomberos, por los médicos.
Luego, el comportamiento de la gente, la solidaridad, la serenidad, los voluntarios, la unidad, me devolvieron al orgullo por mi patria, a la esperanza, al coraje.
A los dos días me quedé frío. Jamás pensé que en una situación de crisis como aquélla, cuando todavía Madrid olía al humo de las bombas, y con unas elecciones al día siguiente, nadie fuese capaz de dejar de llorar para ponerse a insultar a alguien que no fuesen los asesinos. Empezaron los insultos al Gobierno y al PP, en la calle y en la radio. Ya estaba detenido algún que otro islamista radical, ya había comparecido el Ministro del Interior docenas de veces para dar información, la poca información de la que a esas alturas se podía disponer. De hecho, del atentado de la T4 de Barajas han pasado ya casi tres meses y sabemos menos de lo que el 13-M sabíamos de Atocha.
El hecho es que, en pleno duelo por los muertos y en plena jornada de reflexión electoral, aparece en la tele Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, a decir que España no se merece un gobierno que mienta. Desde una radio se anima a la gente a manifestarse. Y no a manifestarse ante el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno; ni a manifestarse frente al Ministerio del Interior, sede del Ministro; se envió a la gente a la sede del Partido Popular. Dato significativo éste: si quieres protestar contra un Ministro, lo normal es ir al Ministerio; o si quieres protestar contra un Gobierno, lo normal es ir a la sede correspondiente; pues no: se mandó a la gente a concentrarse ante la sede del Partido Popular, que a las pocas horas concurría a unas elecciones. Jornada de luto. Jornada de reflexión. Y hubo quien no tuvo el menor inconveniente en montar la bulla en la calle, en la radio, y en la tele.
Yo creería en la sinceridad y en la rectitud de aquellas manifestaciones si se hubieran producido en otra fecha, y ante el Gobierno. Pero no puedo dar carta de credibilidad a manifestaciones no convocadas legalmente, producidas en jornada de reflexión, y celebradas no ante el Gobierno sino ante la sede de un partido. Y no puedo creer en la supuesta espontaneidad de unas concentraciones llenas de carteles de imprenta, jaleadas por radio y televisión, y aplaudidas por la oposición.
Por eso hoy, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, pide confianza en el Gobierno y habla de respeto a las instituciones, me acuerdo de lo de los fariseos: “haced lo que yo digo, pero no hagáis lo que yo hago”.
Hoy Mariano Rajoy pide explicaciones en el Parlamento y convoca manifestaciones legales.
Pero cuando lo de Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, no había tiempo que perder: las elecciones eran al día siguiente.El 13-M también me hizo mucho daño.
Luego, el comportamiento de la gente, la solidaridad, la serenidad, los voluntarios, la unidad, me devolvieron al orgullo por mi patria, a la esperanza, al coraje.
A los dos días me quedé frío. Jamás pensé que en una situación de crisis como aquélla, cuando todavía Madrid olía al humo de las bombas, y con unas elecciones al día siguiente, nadie fuese capaz de dejar de llorar para ponerse a insultar a alguien que no fuesen los asesinos. Empezaron los insultos al Gobierno y al PP, en la calle y en la radio. Ya estaba detenido algún que otro islamista radical, ya había comparecido el Ministro del Interior docenas de veces para dar información, la poca información de la que a esas alturas se podía disponer. De hecho, del atentado de la T4 de Barajas han pasado ya casi tres meses y sabemos menos de lo que el 13-M sabíamos de Atocha.
El hecho es que, en pleno duelo por los muertos y en plena jornada de reflexión electoral, aparece en la tele Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, a decir que España no se merece un gobierno que mienta. Desde una radio se anima a la gente a manifestarse. Y no a manifestarse ante el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno; ni a manifestarse frente al Ministerio del Interior, sede del Ministro; se envió a la gente a la sede del Partido Popular. Dato significativo éste: si quieres protestar contra un Ministro, lo normal es ir al Ministerio; o si quieres protestar contra un Gobierno, lo normal es ir a la sede correspondiente; pues no: se mandó a la gente a concentrarse ante la sede del Partido Popular, que a las pocas horas concurría a unas elecciones. Jornada de luto. Jornada de reflexión. Y hubo quien no tuvo el menor inconveniente en montar la bulla en la calle, en la radio, y en la tele.
Yo creería en la sinceridad y en la rectitud de aquellas manifestaciones si se hubieran producido en otra fecha, y ante el Gobierno. Pero no puedo dar carta de credibilidad a manifestaciones no convocadas legalmente, producidas en jornada de reflexión, y celebradas no ante el Gobierno sino ante la sede de un partido. Y no puedo creer en la supuesta espontaneidad de unas concentraciones llenas de carteles de imprenta, jaleadas por radio y televisión, y aplaudidas por la oposición.
Por eso hoy, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, pide confianza en el Gobierno y habla de respeto a las instituciones, me acuerdo de lo de los fariseos: “haced lo que yo digo, pero no hagáis lo que yo hago”.
Hoy Mariano Rajoy pide explicaciones en el Parlamento y convoca manifestaciones legales.
Pero cuando lo de Rubalcaba, de parte de José Luis Rodríguez Zapatero, no había tiempo que perder: las elecciones eran al día siguiente.El 13-M también me hizo mucho daño.

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