Un paso a un lado
Me gustó escuchar a María Dolores de Cospedal, en el acto de presentación de las cabezas de lista a las elecciones autonómicas, unas palabras de homenaje a aquellas personas que, siendo candidatables, habían sabido dar “un paso a un lado” para dejar sitio a otras nuevas.
Hay momentos en la vida en que hay que atreverse a dar un paso al frente, y a veces cuesta. También hay momentos en que lo que procede es dar un paso atrás, y eso quizá puede costar más todavía, sobre todo si implica el reconocimiento de que aquel paso adelante estuvo mal dado.
Pero lo de dar un paso a un lado es verdaderamente interesante, especialmente en política.
Durante varios años, una de mis aficiones era irme a correr. Incluso intenté terminar algún maratón que otro, sin éxito: a lo más que llegué es a los entonces “Muy Heroicos Veinte Kilómetros de Valdepeñas”, cuya medalla acreditativa cuelga en mi despacho con cierto orgullo porque, al menos para mí, aquello fue una auténtica hazaña. Solía correr por los caminos de la Atalaya, una horilla o así. Pero, no sé por qué, una vez me metí en la pista de atletismo del Polideportivo Príncipe Juan Carlos, a dar unas vueltas. Iba yo tan normal, con mi trotecillo y, antes de completar una vuelta, de repente oí que detrás de mí alguien gritaba: “¡Pista!”. Miré para atrás y me encontré con que, a pocos metros, un chaval venía a bastante más velocidad. Comprendí que eso de “pista” quería decir que me apartase para no hacer perder unas décimas a un tío que tenía toda la pinta de correr bastante más y mejor que yo o, por lo menos en otro plan. Me aparté enseguida, dando un paso a un lado, y seguí corriendo, pero esta vez más atento a no estorbar a nadie. No dejé de correr, pero también dejé que cada cual fuera a su ritmo.
Entiendo que, para un político, dar un paso a un lado es algo parecido: dejar sitio a otros para que hagan lo mismo que tú estabas haciendo, sólo que de otra manera. Lo cual no implica que dejes de correr.
Ese pequeño, pero grande, homenaje de María Dolores de Cospedal a los políticos que han sabido dar un paso a un lado, es para pensar mucho. Si no vas a ser capaz de dar un paso a un lado, es mejor que no vayas a la pista y corras por el campo, a tu aire, en plan independiente. Si, por el contrario, quieres que esto siga adelante, si quieres que por la pista puedan correr todos, si quieres que quien puede ganar no pierda ni un segundo, si, en definitiva, no buscas sólo tu propio interés, tienes que saber dar un paso a un lado.
Al chaval que me gritó “pista” le reconocí, poco después, en una foto del periódico recibiendo una medalla. Y yo me sentí, en cierto modo, colaborador de aquel triunfo, aunque sólo fuera por no haber estorbado.
Hay momentos en la vida en que hay que dar un paso al frente, con valentía. Otros en que hay que dar marcha atrás, con más valentía todavía. Y hay ocasiones en las que hay que dar un paso a un lado, con valentía, con humildad, con realismo, con espíritu de equipo, con disciplina. Mi aplauso y mi admiración para los que son capaces de hacerlo.
No tardarán en ver el triunfo en el periódico.
Hay momentos en la vida en que hay que atreverse a dar un paso al frente, y a veces cuesta. También hay momentos en que lo que procede es dar un paso atrás, y eso quizá puede costar más todavía, sobre todo si implica el reconocimiento de que aquel paso adelante estuvo mal dado.
Pero lo de dar un paso a un lado es verdaderamente interesante, especialmente en política.
Durante varios años, una de mis aficiones era irme a correr. Incluso intenté terminar algún maratón que otro, sin éxito: a lo más que llegué es a los entonces “Muy Heroicos Veinte Kilómetros de Valdepeñas”, cuya medalla acreditativa cuelga en mi despacho con cierto orgullo porque, al menos para mí, aquello fue una auténtica hazaña. Solía correr por los caminos de la Atalaya, una horilla o así. Pero, no sé por qué, una vez me metí en la pista de atletismo del Polideportivo Príncipe Juan Carlos, a dar unas vueltas. Iba yo tan normal, con mi trotecillo y, antes de completar una vuelta, de repente oí que detrás de mí alguien gritaba: “¡Pista!”. Miré para atrás y me encontré con que, a pocos metros, un chaval venía a bastante más velocidad. Comprendí que eso de “pista” quería decir que me apartase para no hacer perder unas décimas a un tío que tenía toda la pinta de correr bastante más y mejor que yo o, por lo menos en otro plan. Me aparté enseguida, dando un paso a un lado, y seguí corriendo, pero esta vez más atento a no estorbar a nadie. No dejé de correr, pero también dejé que cada cual fuera a su ritmo.
Entiendo que, para un político, dar un paso a un lado es algo parecido: dejar sitio a otros para que hagan lo mismo que tú estabas haciendo, sólo que de otra manera. Lo cual no implica que dejes de correr.
Ese pequeño, pero grande, homenaje de María Dolores de Cospedal a los políticos que han sabido dar un paso a un lado, es para pensar mucho. Si no vas a ser capaz de dar un paso a un lado, es mejor que no vayas a la pista y corras por el campo, a tu aire, en plan independiente. Si, por el contrario, quieres que esto siga adelante, si quieres que por la pista puedan correr todos, si quieres que quien puede ganar no pierda ni un segundo, si, en definitiva, no buscas sólo tu propio interés, tienes que saber dar un paso a un lado.
Al chaval que me gritó “pista” le reconocí, poco después, en una foto del periódico recibiendo una medalla. Y yo me sentí, en cierto modo, colaborador de aquel triunfo, aunque sólo fuera por no haber estorbado.
Hay momentos en la vida en que hay que dar un paso al frente, con valentía. Otros en que hay que dar marcha atrás, con más valentía todavía. Y hay ocasiones en las que hay que dar un paso a un lado, con valentía, con humildad, con realismo, con espíritu de equipo, con disciplina. Mi aplauso y mi admiración para los que son capaces de hacerlo.
No tardarán en ver el triunfo en el periódico.
