17 octubre 2007

Mártires

Dentro de unos días, la Iglesia va a beatificar a 498 mártires. No son “mártires de la guerra civil”, entre otras cosas porque muchos de ellos murieron en 1.934. Por eso en todos los documentos eclesiásticos se habla de “mártires españoles del siglo XX”.
Y, a tenor de la declaración al respecto emitida por la Conferencia Episcopal Española, van a ser beatificados no por ser de un determinado partido político (me parece que ninguno de los 498 militaba en ninguna opción política), ni por haber muerto en la guerra, o antes de la guerra, o después: “Los mártires están por encima de las trágicas circunstancias que los han llevado a la muerte”, dicen los obispos españoles.
Se les va a beatificar porque dieron su sangre y su vida por Jesucristo. Siguen diciendo los obispos: “Podemos destacar como rasgos comunes de estos nuevos mártires los siguientes: fueron hombres y mujeres de fe y oración, particularmente centrados en la Eucaristía y en la devoción a la Santísima Virgen; por ello, mientras les fue posible, incluso en el cautiverio, participaban en la Santa Misa, comulgaban e invocaban a María con el rezo del rosario; eran apóstoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condición de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el único Señor”. Esa, y no otra, es la razón de esta beatificación: eran cristianos que llevaron su fe hasta las últimas consecuencias, aun sabiendo que quizá con una simple palabra podían haberse salvado de la tortura o de la muerte. Fueron fieles al amor de Dios hasta el final, incluso perdonando a sus ejecutores.
Cualquiera que haya mostrado un mínimo interés en este asunto ha comprobado que detrás de cada una de estas 498 declaraciones de martirio hay un riguroso proceso repleto de pruebas documentales, de testimonios gráficos, de declaraciones de testigos e incluso a veces de los propios homicidas. Y son procesos que llevan tiempo, y en algunos casos mucho tiempo, siendo instruidos.
Quien quiera ver en esta beatificación una respuesta de la Iglesia a determinadas actitudes de determinados gobiernos está equivocado. El hecho es que la Iglesia los beatifica por ser santos, no por ser de derechas o de izquierdas o de centro, y estos procesos estaban ya comenzados cuando muchos no habíamos nacido.
Una de las cosas que más llama la atención leyendo los documentos eclesiales que hacen referencia a este tema es que, al igual que aquellos mártires, la Iglesia también perdona, y se centra en la figura y las virtudes del mártir, no en quienes hicieron aquellas barbaridades. Incluso reza por ellos.
Emilio Sanz

09 octubre 2007

Es razonable

Las cosas se pueden ver desde distintos puntos de vista. Es lógico que así sea, aunque sólo fuese porque, desde posiciones distintas hay perspectivas diferentes. Aceptar este principio tan básico es una muestra evidente de sentido común y de buena voluntad.
El Partido Socialista de Castilla La Mancha se ha cerrado en banda en que hay que tramitar, y ahora, una reforma parcial de la Ley Electoral porque hay dos provincias a las que considera infrarepresentadas. Sin pedir informe previo al Consejo Consultivo, sin intentar un acuerdo previo con el resto de las fuerzas parlamentarias, o sea, con el Partido Popular, ni con las extraparlamentarias (y hay partidos pequeños que tienen muchos votos y representan a mucha gente), el PSOE ha presentado una proposición de Ley para reformar, en el sentido expresado, la Ley Electoral de la Región.
Si esa proposición de Ley sigue adelante, será aprobada por mayoría absoluta en el Parlamento Regional. Todo legal, en el sentido más simple de la expresión.
Pero el Partido Popular se opone a que esa proposición de Ley siga adelante. Y se opone porque, primero, en la Resolución que el Parlamento Regional envió al Congreso de los Diputados, y que fue aprobada por unanimidad, se había establecido, insisto que por unanimidad, que para la reforma de la Ley Electoral se exija una mayoría de dos tercios, es decir, un nivel de consenso mucho mayor que la mera mayoría absoluta. Y eso fue aprobado por unanimidad, y lo fue porque es razonable que la Ley que regula gran parte de las reglas del juego sea consensuada por una mayoría muy cualificada, y no sólo por mayoría absoluta. Esa es la primera razón por la que el Partido Popular está pidiendo al PSOE que retire su proposición. Y no se ha quedado ahí el PP: ha presentado una propuesta para que se forme una comisión que estudie este asunto, y el PSOE la ha rechazado.
En segundo lugar, el PP está pidiendo que se explique por qué el PSOE quiere aumentar sólo el número de diputados en dos provincias, y por qué sólo en un diputado cada una. Es decir, está denunciando que puede haber criterios partidistas de cálculo electoral en la propuesta del PSOE. A cambio, el PP pide que, previo estudio de la comisión que se forme en el Parlamento, los criterios sean claros y automáticos como sucede en otras leyes electorales vigentes en nuestro país, de modo que el número de escaños correspondientes a una provincia no pueda depender de criterios de oportunismo, sino de criterios objetivos de aplicación inmediata y matemática.
A mí me parece que la postura del Partido Popular en esta materia es absolutamente razonable. Y tratándose de la Ley Electoral, creo que no debe ceder ni un ápice: mayoría de dos tercios, criterios objetivos y consenso.
Lo que no me parece razonable es lo que está haciendo el PSOE regional: se está contradiciendo con lo que firmó en la propuesta de reforma del Estatuto y se está negando a un consenso sobre las reglas del juego.
Eso no es razonable.
Emilio Sanz

02 octubre 2007

Ya lo limpiarán

Yo estaba haciendo sala de espera en una empresa que, entre otras cosas buenas, se caracteriza por una excelente atención a las personas, sean proveedores, clientes, o meras visitas. También estaba haciendo espera aquel señor: ni le había visto nunca ni creo que le vaya a volver a ver. Esto ocurría a varios cientos de kilómetros de mi casa, y ni sé quién era, ni me importa a los efectos de lo que quiero contar hoy.

El lugar destinado a espera estaba separado de la zona de trabajo por unas relucientes y limpísimas puertas de cristal que, junto con el resto de la decoración, hacían que allí se estuviera bien.

Yo no sé cuánto tiempo llevaría esperando aquel hombre, pero el caso es que, o debió de impacientarse, o simplemente quiso interesarse por cuánto le quedaba, y se levantó con toda normalidad y entró a la zona de trabajo, supongo que a preguntar. Lo que me hirió profundamente fue que no entró asiendo el asidero, ni agarrando el agarrador, ni tirando del tirador. El muy insolidario plantó toda la mano, la manaza diría yo, en mitad del cristal, dejando una enorme marca o huella feísima y estropeando la cosa bien hecha que suponía toda aquella limpieza.

No tengo por qué pensar que lo hizo a propósito. Es más, estoy seguro de que ni se dio cuenta y lo hizo con toda naturalidad. Tal vez es esto lo más triste del caso.
Me quedé perplejo, y sentí el impulso de levantare a limpiar con mi pañuelo la mancha en el cristal… pero no era plan. O sí lo era. Pero no lo hice.

Cuando me avisaron, hice la visita que había ido a hacer y me fui.
Al salir, vi que una empleada limpiaba con cristasol la puerta sucia.
Emilio Sanz

Barreda, sus convicciones, y la Ley Electoral

Aún resuenan por los altavoces de las Cortes Regionales unas palabras de José María Barreda en su discurso de investidura, pronunciado hace muy poco. Son las siguientes: “La democracia es también consideración a las minorías y respeto a todo el mundo. Por esta convicción política e intelectual, les aseguro, señoras y señores de la oposición, que la mayoría conseguida no va a suponer un cambio en mi voluntad por lograr acuerdos que puedan ser beneficiosos para la Región”.
Muy poco tiempo antes, apenas semanas, el propio José María Barreda había estampado su firma en el Proyecto de Reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla La Mancha. Este Proyecto no era un simple discurso: era el resultado de un importante consenso entre las fuerzas políticas de la Región. Ahí se decía, y se sigue diciendo, lo siguiente: “Artículo 25: La Ley Electoral de Castilla-La Mancha será aprobada por dos tercios de los Diputados en votación final sobre el conjunto del texto. Dicha ley, además de los elementos regulados en el presente Estatuto, determinará, entre otros aspectos, el régimen de plazos y el procedimiento de elección, así como la atribución de escaños por cada circunscripción electoral y las causas de inelegibilidad e incompatibilidad”. Nadie puede dudar de que, si el régimen de reforma de la Ley Electoral se estableció así en el proyecto de Estatuto, es porque es el sistema más beneficioso para la Región.
La convicción política e intelectual, pues, de Barreda, está en juego en este momento: firmó que es bueno para Castilla La Mancha que la Ley Electoral se apruebe por mayoría de dos tercios, es decir, por una mayoría que hoy él no tiene. Afirmó que la democracia es consideración a las minorías y recalcó su voluntad de llegar a acuerdos que puedan ser beneficiosos para la Región. Y, sin embargo, el Partido Socialista, que Barreda preside, pretende hoy reformar la Ley Electoral de Castilla La Mancha por el sistema ahora vigente, que no exige una mayoría tan cualificada y que, por mucho que sea el legalmente vigente, no es el mejor para la Región puesto que si fuera el mejor para la Región Barreda no habría aprobado ni firmado el Proyecto de Reforma del Estatuto.
Es la hora de comprobar si Barreda dijo la verdad en su investidura. De comprobar si realmente tiene voluntad de llegar a acuerdos con la oposición en materias que sean beneficiosas para la Región. Es la hora de los hechos. El Partido Socialista de Castilla La Mancha ha presentado un proyecto de reforma de la Ley Electoral sin consensuarlo con nadie y pretende aprobarlo por el sistema que él mismo rechazó meses antes al votar otro mejor, más representativo, más exigente, en el Proyecto de Estatuto.
Es, en fin, la hora de comprobar en cuánto valora José María Barreda, y con él los Diputados socialistas que le respaldan, las convicciones políticas e intelectuales que afirma tener.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 25 de septiembre de 2007